Madrid (España).- La Fundación del Español Urgente (FundéuRAE), respaldada por la Real Academia Española y la Agencia EFE, ha nombrado arancel como la palabra del año 2025. Esto reconoce el impacto que este término ha tenido en la actualidad internacional y su expansión desde los ámbitos técnicos hacia el habla cotidiana.
Esta decisión responde a la frecuencia con la que este vocablo ha aparecido en los medios de comunicación, especialmente en relación con las políticas comerciales del presidente de Estados Unidos y las tensas negociaciones entre países respecto a exportaciones e importaciones.
Lo que hasta hace poco era una palabra reservada a economistas, juristas y especialistas en comercio exterior, hoy se encuentra en el centro de las conversaciones políticas y sociales, reflejo del peso creciente de la economía en la agenda global.
«Arancel» ha pasado de ser un tecnicismo a convertirse en un término familiar para muchas personas, incluso ajenas al ámbito económico. En el transcurso de 2025, su uso ha crecido de manera exponencial gracias al protagonismo de las disputas comerciales entre potencias mundiales, marcadas por nuevos tributos a productos extranjeros, represalias arancelarias y reformas profundas en tratados bilaterales.
La FundéuRAE no solo reconoció esta visibilidad mediática, sino también el valor lingüístico del término, cuya raíz se encuentra documentada desde el Diccionario de autoridades de 1726, y que conserva plena vigencia en el Diccionario de la lengua española con definiciones aplicables tanto en el contexto aduanero como judicial y profesional.
En el terreno económico, «arancel» se entiende como el tributo que un Estado impone sobre los bienes que cruzan sus fronteras, en especial las importaciones. No obstante, su significado puede extenderse a otras tarifas oficiales, como las aplicadas en costas judiciales o en honorarios profesionales, tal como destaca la definición académica.
A nivel técnico, este término se ha vuelto aún más relevante al aparecer en expresiones como «arancel cero» o «arancel antidumping», conceptos que también han sido objeto de recomendaciones lingüísticas por parte de la Fundación.
En estas sugerencias, se recuerda que los nombres de tipos de aranceles se escriben con minúscula inicial por tratarse de denominaciones comunes, y se propone, además, adaptar ciertos extranjerismos como antidumpin, recogido en el Diccionario panhispánico de dudas, para fomentar la coherencia del español escrito.
Este reconocimiento no ha sido aislado ni casual. La palabra «arancel» fue seleccionada entre una lista de doce candidatas que reflejan con claridad los grandes temas que han marcado el 2025.
Palabras como apagón, macroincendio y preparacionista hablaron del peso del cambio climático y los desastres naturales; boicot, dron, generación Z, macrorredada y rearme revelaron tensiones sociales y conflictos armados. También figuraron en la lista términos vinculados al poder político, como trumpismo, o al debate económico global, como tierras raras y papa, en relación con la crisis alimentaria.
En este competitivo entorno de términos, «arancel» se impuso por su constante presencia y por la amplitud de sus implicaciones en la vida cotidiana, desde los precios de consumo hasta las relaciones diplomáticas.
Esta es la decimotercera ocasión en que la FundéuRAE elige una palabra del año. Desde 2013, la iniciativa ha ido consolidándose como un termómetro del lenguaje social y político. Términos como escrache (2013), refugiado (2015), microplástico (2018) o inteligencia artificial (2022) han servido en años anteriores para visibilizar fenómenos clave de sus respectivas épocas.
A ellos se han sumado palabras marcadas por circunstancias excepcionales como confinamiento (2020) y vacuna (2021), íntimamente ligadas a la pandemia de COVID-19. En los últimos años, conceptos como polarización (2023) o dana (2024) han reflejado una realidad marcada por la fragmentación ideológica y la emergencia climática.
La elección de «arancel» en 2025 confirma que el lenguaje sigue siendo un reflejo directo del mundo que habitamos. Las palabras que usamos, incluso las que antes parecían lejanas o técnicas, nos hablan del estado del planeta, de las tensiones que nos atraviesan y de los desafíos que enfrentamos como sociedad global.
Que un término como «arancel» pase a formar parte del habla común no solo evidencia el peso de la economía en nuestras vidas, sino también el poder del lenguaje para adaptarse y dar forma a los acontecimientos de su tiempo.
Este artículo fue elaborado con la ayuda de herramientas de inteligencia artificial y revisado por un editor de Hispanos Press.







































































