Madrid (España).- Más de la mitad de los niños, adolescentes y jóvenes de Iberoamérica se consideran lectores, pero la lectura compite cada vez más con el deporte, los videojuegos y las redes sociales. Esa es una de las principales conclusiones del informe Prácticas y percepciones de lectura en adolescentes y jóvenes, presentado por la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI), con financiación de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID).
El estudio, elaborado con el apoyo del Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC), ofrece una radiografía actualizada sobre cómo se relacionan las nuevas generaciones con la lectura en un contexto marcado por la digitalización, la falta de tiempo y los cambios en el uso del ocio. La investigación se basa en una encuesta aplicada a cerca de 3.000 personas de entre 10 y 22 años, en zonas urbanas y rurales de 17 países de América Latina, el Caribe y la península ibérica.
¿Qué revela el informe sobre los jóvenes lectores?
En términos de autopercepción, los resultados muestran una diversidad de perfiles lectores. Un 32,93% de los encuestados se identifica como “persona lectora” y un 25% como “lector habitual”. En conjunto, el 57,93% de los jóvenes se reconoce como lector en distintos grados.
En el otro extremo, un 33,54% se considera “poco lector” y solo un 8,54% afirma no leer. Para la OEI, esta distribución sugiere que la lectura no está ausente en la vida juvenil, pero sí enfrenta dificultades para consolidarse como un hábito estable y placentero en amplios sectores.
¿La lectura forma parte del tiempo libre?
Casi la mitad de los jóvenes (48,99%) afirma que la lectura es una actividad recurrente en su vida cotidiana y en su tiempo libre. Sin embargo, el informe advierte que rara vez se trata de una actividad exclusiva. La lectura suele combinarse con la vida social y familiar (46%) o con el uso de internet y redes sociales (entre 43% y 44%).
En contraste, el 51,01% de los encuestados no incluye la lectura entre sus actividades de ocio. En este grupo predominan prácticas como el deporte (53,9%) y los videojuegos (40,8%), que resultan más atractivas o accesibles para muchos jóvenes.
¿Existen diferencias según la edad?
El análisis por franjas etarias muestra cambios significativos en la relación con la lectura. Entre los niños y niñas de 10 a 12 años, el 54,4% lee poco o nada, lo que evidencia una etapa crítica para el desarrollo temprano del hábito lector.
Esta tendencia se revierte en el grupo de 14 a 16 años, donde el 59,2% se considera lector habitual y aumenta el número de jóvenes que se reconocen como lectores. A partir de los 17 años, los porcentajes se estabilizan y el informe no registra jóvenes que se identifiquen como no lectores.
Entre los lectores habituales destacan especialmente jóvenes de Argentina, Chile, Uruguay, España y Portugal, países donde la lectura aparece más vinculada al disfrute personal y no solo al ámbito escolar.
¿Por qué muchos jóvenes leen poco?
El informe también indaga en los principales obstáculos que dificultan la consolidación del hábito lector. La falta de tiempo es la barrera más mencionada, señalada por el 43,55% de los jóvenes. Le siguen la dificultad para concentrarse (29,42%) y el aburrimiento (18,67%).
Otras razones incluyen problemas de comprensión lectora (13,52%), falta de dinero para adquirir libros (12,08%), no disponer de libros en casa (8,98%) y el desinterés (8,58%). Además, un 22,96% menciona “otros motivos”, entre los que sobresalen la carga laboral y el cansancio, especialmente en los jóvenes de mayor edad.
¿Cómo influyen la escuela y el entorno educativo?
Entre quienes se perciben como poco lectores, la lectura aparece asociada principalmente a experiencias escolares: tareas, actividades académicas o ejercicios de aprendizaje. En este perfil predominan jóvenes de países como Bolivia, Colombia, Venezuela y Brasil, donde la lectura se vincula menos al ocio o al placer personal.
Según el informe, esta asociación exclusiva con lo escolar puede limitar el desarrollo de una relación más libre y voluntaria con los libros, reforzando la idea de que leer es una obligación y no una elección.
¿Qué papel juegan lo digital y las bibliotecas?
Aunque el formato papel sigue siendo el preferido —el 80,97% de los jóvenes lo elige—, el uso de soportes digitales es casi universal. El 90,2% afirma leer en dispositivos tecnológicos, siendo el teléfono móvil el más utilizado (62,91%).
Pese a ello, el acceso a espacios tradicionales de lectura sigue siendo limitado. Solo el 30,71% de los jóvenes utiliza la biblioteca de su ciudad o municipio, lo que plantea desafíos para las políticas públicas de acceso al libro y a la lectura.
El informe también alerta sobre el impacto del uso intensivo de internet y redes sociales, señalado por el 44% como un factor que dificulta el desarrollo del hábito lector convencional.
¿Qué desafíos plantea la piratería de libros?
Uno de los datos más preocupantes es la elevada prevalencia de la descarga ilegal de libros. El 63,55% de los jóvenes reconoce acceder a contenidos por esta vía, una práctica que, según la OEI, afecta al ecosistema del libro y complica los esfuerzos de promoción de la lectura legal y sostenible.
¿Qué propone la OEI a partir de estos resultados?
A partir de los hallazgos, la OEI subraya la necesidad de fortalecer políticas públicas, estrategias educativas y acciones culturales que promuevan la lectura desde edades tempranas. El informe insiste en que estas iniciativas deben reconocer los nuevos contextos digitales y las transformaciones en los modos de leer de niños, adolescentes y jóvenes en Iberoamérica.
El documento completo Prácticas y percepciones de lectura en adolescentes y jóvenes está disponible para consulta pública y busca servir como herramienta para educadores, responsables de políticas culturales y organizaciones comunitarias interesadas en fomentar la lectura.
Este artículo fue elaborado con la ayuda de herramientas de inteligencia artificial y revisado por un editor de Hispanos Press.






































































