Ginebra (Suiza).- En 2024, la capa de ozono volvió a ofrecer señales alentadoras en su proceso de recuperación.
Según el último boletín de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), la cobertura total de ozono estratosférico fue mayor en gran parte del planeta respecto a años anteriores, mientras que el agujero antártico registró dimensiones menores que las observadas entre 2020 y 2023.
El déficit máximo se produjo el 29 de septiembre, alcanzando 46,1 millones de toneladas, una cifra inferior al promedio del período 1990-2020. Además, los expertos destacaron que la formación del agujero fue más tardía y su cierre relativamente rápido, un comportamiento considerado como una señal sólida de recuperación inicial de la capa en la región antártica.
El monitoreo continuo ha sido clave para llegar a estas conclusiones. La comunidad científica, bajo la guía de la OMM, ha consolidado redes de observación del ozono y la radiación ultravioleta (UV), estandarizando procedimientos de medición, procesamiento de datos y calibración de equipos.
Estos esfuerzos no solo permiten generar información precisa y comparable, sino que también han fomentado la colaboración internacional mediante la capacitación y el intercambio de conocimientos. Este marco de trabajo ha resultado esencial para el éxito del Protocolo de Montreal, tratado que desde 1987 ha marcado un antes y un después en la protección atmosférica.

Mapa de terceros. Este mapa fue proporcionado por Wolfgang Steinbrecht y Antje Inness el 11 de julio de 2025 y podría no coincidir plenamente con las directrices cartográficas de las Naciones Unidas y la OMM. Los resultados proceden del reanálisis del Servicio de Monitoreo Atmosférico de Copernicus (Inness et al., 2019).
El boletín también recuerda los antecedentes de este acuerdo y la evolución de las políticas ambientales derivadas de él. En particular, subraya la importancia de la Enmienda de Kigali de 2016, que comprometió a los países firmantes a reducir progresivamente los hidrofluorocarbonos, gases de efecto invernadero de gran impacto climático utilizados en la industria como sustitutos de sustancias destructoras del ozono.
Hasta la fecha, 164 Partes han ratificado la enmienda, y se estima que su cumplimiento podría evitar hasta 0,5 °C de calentamiento global hacia finales de siglo, contribuyendo de manera decisiva no solo a la recuperación del ozono, sino también a la lucha contra el cambio climático.
La OMM y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) lideran de forma conjunta el Grupo de Evaluación Científica, que cada cuatro años analiza el estado del ozono con base en la evidencia científica más actualizada. Según la última evaluación, publicada en 2022, si se mantienen las políticas actuales, la capa de ozono podría recuperar los niveles de 1980 en diferentes plazos: hacia 2040 en la mayor parte del planeta, hacia 2045 en el Ártico y alrededor de 2066 en la Antártida, la región más vulnerable a la destrucción de ozono. La próxima evaluación científica se llevará a cabo en 2026.
Los avances registrados en 2024 confirman la relevancia de mantener y reforzar las políticas internacionales de protección atmosférica. La experiencia con el Protocolo de Montreal demuestra que la cooperación global, el compromiso político y la aplicación de la ciencia pueden revertir un problema ambiental de escala planetaria.
No obstante, los científicos advierten que aún es necesario sostener los esfuerzos de vigilancia y reducción de sustancias nocivas, ya que los avances no son definitivos y la recuperación completa llevará varias décadas.
El caso de la capa de ozono se ha convertido en un ejemplo paradigmático de cómo la humanidad puede responder a una crisis ambiental cuando existe voluntad colectiva. Si bien todavía queda camino por recorrer, las cifras de 2024 brindan un mensaje esperanzador: la atmósfera comienza a sanar gracias a las decisiones adoptadas hace más de tres décadas y a la perseverancia de la ciencia y la cooperación internacional.




































































