Desierto de Atacama (Chile).- Un equipo científico internacional ha confirmado por primera vez que los potentes chorros expulsados por estrellas recién nacidas actúan como registros fieles de los episodios más violentos de su crecimiento. 

Esta investigación, publicada en la revista Nature Astronomy, respalda una teoría de larga data sobre cómo estos chorros se propagan a través del entorno interestelar, arrojando nueva luz sobre el complejo proceso de formación estelar.

El hallazgo se basa en observaciones pioneras del sistema protoestelar binario SVS 13, ubicado en la región de formación estelar NGC 1333, a unos 1.000 años luz de la Tierra. 

Gracias a los datos recolectados durante muchos años por el Very Large Array (VLA) de la Fundación Nacional de Ciencia de Estados Unidos (NSF), los científicos encontraron dos radioprotoestrellas, VLA 4A y VLA 4B, que causan una serie de «balas moleculares» y choques Herbig-Haro. 

Estas estructuras indican violentos flujos de salida generados durante el nacimiento estelar, lo que convirtió al sistema en un objetivo clave para estudios posteriores.

La protoestrella VLA 4B, en particular, demostró ser el motor detrás de estos chorros, lo que llevó a nuevas observaciones realizadas con el Atacama Large Millimeter/submillimeter Array (ALMA). 

Este radiotelescopio, situado en el norte de Chile, permitió observar con un nivel de detalle sin precedentes la «bala» más brillante y rápida del chorro de SVS 13, revelando una estructura fascinante: una serie de anillos moleculares anidados que cambian de tamaño y posición a medida que varía la velocidad del gas expulsado.

Cada uno de estos anillos, con un grosor de apenas unas decenas de unidades astronómicas, se desplaza en forma de arcos delgados que se mueven a velocidades de hasta 100 kilómetros por segundo. La disposición de estos anillos funciona como una especie de tomografía computarizada celeste, permitiendo a los astrónomos reconstruir cómo el chorro interactúa y atraviesa el gas que rodea a la estrella joven.

Guillermo Blázquez-Calero, coautor principal del estudio e investigador del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC), explicó que los chorros no solo son espectaculares consecuencias del nacimiento estelar, sino auténticos «guardianes de registros». 

Según sus palabras, «cada secuencia de anillos en el chorro lleva la marca temporal de un estallido anterior, lo que nos permite interpretar la historia de cómo el material cayó sobre la joven estrella y luego fue expulsado violentamente a su entorno».

El análisis incluyó más de 400 anillos individuales, y cada uno se relaciona con un arco de choque clásico impulsado por un chorro estrecho cuya velocidad varía con el tiempo. Uno de los hallazgos más reveladores fue que la capa más joven coincide en edad con un estallido óptico e infrarrojo que tuvo lugar a principios de la década de 1990, documentado por otras observaciones. 

Este hecho proporciona el primer vínculo directo entre un evento de acreción —cuando el material cae sobre la estrella— y un cambio observable en la velocidad de su chorro.

Estos resultados son de vital importancia para los modelos actuales de formación estelar. Los chorros protoestelares muestran un registro de los momentos de crecimiento más fuerte, lo que permite a los astrónomos mirar hacia atrás y conocer la historia de formación de estrellas como nuestro Sol. 

Además, brindan pistas esenciales sobre cómo estos eventos explosivos afectan los discos protoplanetarios que eventualmente darán lugar a planetas.

El estudio completo, titulado «Bowshocks powered by the pole-on molecular jet of outbursting protostar SVS 13», cuenta con la autoría de 17 investigadores de diversas instituciones internacionales, entre ellos Guillem Anglada, Sylvie Cabrit, Mayra Osorio, Alejandro C. Raga y José F. Gómez. 

Este esfuerzo multidisciplinario también representa una colaboración significativa entre organismos científicos de Europa, América del Norte y Asia, como el Observatorio Europeo Austral (ESO), la Fundación Nacional de Ciencia de EE. UU. (NSF), los Institutos Nacionales de Ciencias Naturales de Japón (NINS) y el Observatorio Radioastronómico Nacional (NRAO), entre otros.

El uso de tecnologías de vanguardia como ALMA ha sido clave para avanzar en el conocimiento del universo. La posibilidad de visualizar procesos tan dinámicos a escalas tan pequeñas y distantes representa un paso gigante en la comprensión de cómo nacen las estrellas y, en última instancia, los sistemas planetarios.

Con esta nueva herramienta de análisis cronológico basada en los chorros, los astrónomos podrán investigar otros sistemas estelares jóvenes en distintas etapas de evolución. 

Esto podría ayudar a responder algunas de las preguntas fundamentales de la astrofísica moderna: ¿Cómo se regulan los ritmos de crecimiento estelar? ¿Qué impacto tienen los estallidos en la formación de planetas? ¿Cuáles son los paralelismos con la historia temprana de nuestro propio Sol?

Gracias a esta investigación, ahora sabemos que los cielos no solo brillan con luz, sino también con memoria.

Este artículo fue elaborado con la ayuda de herramientas de inteligencia artificial y revisado por un editor de Hispanos Press.