Kampala (Uganda).- En Kampala, la capital de Uganda —una ciudad dinámica en rápido crecimiento asentada sobre suaves colinas a unos 1 200 metros por encima del nivel del mar—, los alumnos se reúnen a diario en la escuela secundaria St Kizito Namugongo para aprender.
Para muchos estudiantes ugandeses, al menos una comida diaria procede de la cocina de su escuela. La utilización de alimentos frescos y nutritivos en la preparación de estas comidas puede salir cara, sobre todo en las zonas urbanas densamente pobladas y en las regiones montañosas, donde la tierra de labranza para cultivar alimentos es limitada.
Joanita Aber, de 19 años y alumna residente en la escuela, proviene de un pueblo que se encuentra a casi siete horas de viaje por carretera. Ella y sus 300 compañeros residentes en el recinto escolar dependen por completo de las comidas escolares para su nutrición. Sin embargo, el menú de la escuela no siempre ha incluido una amplia variedad de hortalizas frescas. El huerto de suelo convencional no proporciona productos frescos suficientes, y antes las comidas se preparaban casi exclusivamente a base de arroz, legumbres y posho, una variedad local de harina de maíz.
La instalación de un huerto hidropónico en el recinto escolar está cambiando las cosas. En este sistema de 115 metros cuadrados de superficie se cultivan alrededor de 650 plantas sin suelo, que requieren una cantidad mínima de agua y abonos orgánicos. Los productos, cosechados durante todo el año, van directamente a la cocina de la escuela.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Secretaría de la Alianza para las Montañas proporcionaron el sistema hidropónico y la capacitación práctica para mantenerlo, sirviéndose para ello del fondo de innovación ELEVATE de la FAO y del apoyo financiero adicional de la Agencia Italiana de Cooperación para el Desarrollo. El proyecto se llevó a cabo en colaboración con H4O, empresa italiana y miembro de la Alianza para las Montañas, que patentó este sistema hidropónico. Los profesores, los alumnos y el personal de la escuela participaron en la instalación del sistema y aprendieron sobre el mismo.
“Estoy muy contenta con la agricultura hidropónica, me entusiasma. ¿Cómo es posible que se cultiven plantas en el agua? Nunca habíamos visto una cosa así”, dice Joanita, que el año próximo irá a la universidad y espera estudiar medicina. “Vemos crecer las hortalizas en muy poco tiempo. Con esto va a mejorar nuestra nutrición y se reducirá la cantidad de dinero que gasta la escuela en la compra de hortalizas”.
Nyombi Malcolm Davis, que enseña los principios y las prácticas de la agricultura, señala: “Estos alumnos están asimilando el valor de los alimentos orgánicos. Como cultivamos diversas hortalizas, también entienden la importancia de una dieta equilibrada”.
Ahora la escuela cultiva apio, cebolletas y sukumawiki —la berza común tradicional ugandesa—, así como espinacas y pimientos. El sistema produce alrededor de 35 kilogramos de hortalizas por semana. El valor anual estimado de la producción del huerto asciende a aproximadamente 12 000 USD. Gracias al vivero del que dispone la escuela, se reducen aún más los costos, ya que permite producir los plantones y así no es necesario comprarlos.

El huerto también forma parte del plan de estudios. Los alumnos controlan la salud de las raíces y los niveles de pH y electroconductividad, a la vez que observan el crecimiento de las plantas durante el proceso de trasplante.
“Cuando los alumnos estudian el tema del pH en clase, pueden venir aquí de inmediato y ver en qué consiste en la práctica”, explica Davis. “Aprenden a valorar la importancia de los alimentos orgánicos y comprenden el funcionamiento de los sistemas sostenibles”.
El sistema hidropónico ahorra hasta un 95 % de agua en comparación con la agricultura de suelo convencional. Las soluciones de nutrientes orgánicos circulan continuamente, lo que reduce los desechos y al mismo tiempo favorece el crecimiento saludable de las plantas.
Un modelo con un potencial más amplio
El huerto hidropónico de St Kizito Namugongo constituye un modelo para una agricultura sin suelo y eficiente en cuanto a recursos, concebida para entornos en los que el agua y la tierra cultivable son limitadas, en particular las regiones montañosas.
En la actualidad, esta innovación promueve dietas más saludables para 1 200 alumnos e introduce directamente en el aula los sistemas agroalimentarios sostenibles.

Esta colaboración demuestra cómo la innovación en pequeña escala puede aportar mejoras cuantificables a la nutrición, la educación y la protección social.
Este modelo es adaptable y ampliable, tanto en ciudades densamente pobladas como en remotas comunidades de montaña.
“Ahora la escuela tiene algo que enseñarle al mundo”, dice Joanita. “La agricultura hidropónica orgánica es una práctica magnífica que el mundo entero puede adoptar”.
Invertir en la nutrición escolar equivale a invertir en las generaciones venideras. Cuando los alumnos cultivan sus propios alimentos, mejoran su dieta y a la vez adquieren habilidades prácticas, seguridad en sí mismos y un futuro agroalimentario más sostenible.
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