México (AFP) – Foto con presuntos narcotraficantes, amenazas, acusaciones de corrupción: Cuauhtémoc Blanco, uno de los más grandes futbolistas de la historia México, se ha embarcado en una práctica de alto riesgo por la resbaladiza cancha de la política.

El Cuau, como lo llama la afición, fue el verdugo de belgas, croatas y franceses en los mundiales de 1998 y 2010. Pero ahora es blanco de críticas en su casaca de gobernador del central estado de Morelos, cargo que asumió en 2018.

Luego de desatar polémica por unas prolongadas vacaciones en Brasil, donde visitó el Maracaná, la prensa mexicana publicó una fotografía, cuya fecha se desconoce, donde el exfutbolista convertido en gobernador aparece abrazado con tres presuntos narcotraficantes, uno de ellos ya abatido.

La imagen bastó para despertar sospechas -latentes en México – de la supuesta complicidad de ciertos líderes políticos con los «capos».

«Yo no pacto con delincuentes. No voy a fiestas con delincuentes, aunque me inviten», se defendió Blanco. «Me tomo fotos con todo el mundo porque no soy grosero».

Al día siguiente, en una plaza pública apareció una manta con un mensaje, atribuido a criminales, que advierte a Blanco que si desconoce unos «acuerdos», revelarán información sobre la muerte de un hombre, que según medios sería un campesino y activista ambiental asesinado en 2019.

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«Yo no tengo miedo de nada», dijo al diario Milenio al denunciar un intento por «desestabilizar» a su gobierno.

La «Cuauhtemiña» –

Blanco, por cumplir los 49 años, es una de las leyendas del fútbol mexicano, al lado de Hugo Sánchez, el «pentapichichi» del Real Madrid de los 1980’s.

Aún cuando militó sólo dos años en Europa -una lesión en la rodilla le impidó en 2002 pasar del Valladolid al Real Madrid-, Blanco fue atacante clave del «Tri», con 38 goles en 120 llamados a la selección nacional.

«En el Mundial de Francia-1998 dio sus primeros pasos como ídolo nacional», recuerda Héctor Hernández, historiador oficial del América, donde debutó y se retiró el atacante.

«El Cuau» dejó su marca en el balompie con la «cuatemiña», una jugada en la que, con el balón sostenido en ambas piernas, de un brinco dribló a la defensa de Corea del Sur en 1998.

Su popularidad como futbolista fue su trampolín en la política. «Cuando Cuauhtémoc jugaba con el América, era el más odiado, pero cuando jugaba con la selección era diferente, era el más querido, porque era el malo que te sacaba de todos los problemas», añade Hernández.

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Carlos Hermosillo, su compañero, recuerda a un jugador «carismático», «exiente», «bromista». «A algunos compañeros no les caía bien al principio, pero terminaban riéndose».

En 2015, a los 42 años y cuando aún jugaba con el América, ganó la alcaldía de Cuernavaca, capital de Morelos.

Vecino de Ciudad de México, Morelos es un ejemplo de este país de contrastes, con magníficos balnearios en las montañas y territorios amenazados por el «crimen organizado» en el camino hacia Acapulco, en Guerrero, la meca del turismo de masas, fiesta y venta de droga.

En 2018, fue electo gobernador con un partido evangelista aliado del presidente Andrés Manuel López Obrador.

«Créanmelo, yo no les voy a fallar, yo no soy como esta bola de cabrones», clamaba ante sus electores, a quienes les prometía terminar con la inseguridad.

Entre enero y octubre de 2021, Morelos registró 847 homicidios, contra 676 el año anterior, un incremento de 24%. Un ejemplo reciente de la violencia fue el asesinato en diciembre pasado de una actriz a plena luz del día en Cuernavaca.

Desde su elección, las polémicas no han cesado. En septiembre de 2016, el exjugador se declaró en huelga de hambre para protestar contra un recurso que buscaba destituirlo como alcalde.

En septiembre pasado, fue acusado ante la fiscalía anticorrupción de participar en una red de blanqueo de capitales.

«No estás sólo, Cuauhtémoc», le ha ofrecido públicamente López Obrador.

Como jugador, Blanco conocía las fuerzas y debilidades de sus rivales, según Hermosillo. «En la política, nunca sabes con quién te enfrentas».

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