Las conchas de abanico o vieiras, las pepitas de oro del mar de Perú
Trabajadores limpian vieiras recién extraidas en Sechura, en la región peruana de Piura, el 10 de diciembre de 2018 © AFP CRIS BOURONCLE

Sechura (Perú) (AFP) – Solo hay que sumergirse tres metros en una bahía del norte del Perú para extraer conchas de abanico o vieiras, consideradas como las pepitas de oro del mar y que por miles de toneladas inundan el mercado europeo y norteamericano para enriquecer su gastronomía.

En la bahía de Sechura, en un esplendoroso hábitat natural del océano Pacífico cercano a Ecuador y ubicado 1.100 kilómetros al norte de Lima, crecen y se reproducen el 80% de los moluscos que Perú exporta a Francia, España, Estados Unidos y Canadá, entre otros países.

“Dios nos ha bendecido con esta bahía, es muy buena para la producción de conchas”, dice a la AFP el pescador Segundo Tezen, de la asociación “Los Tecosa”, a bordo de una pequeña embarcación que navega en altamar frente a las costas peruanas de Sechura.

Para cosechar este molusco hermafrodita, buzos se sumergen entre tres y cinco metros para recolectar en enormes mallas su valioso tesoro. Una vez llenas, son jaladas hacia la superficie por dos pescadores.

Sobre la pequeña embarcación, el cielo parece un reflejo del mar, sin nubes y bajo un sol abrasador que ilumina el horizonte. La temperatura supera los 30 grados centígrados.

Los ojos le brillan a estos hombres de mar, conforme suben con su valioso cargamento, que cruzará fronteras antes de llegar a los mercados para su venta.

Estos mariscos han convertido a Perú en potencia mundial y reciben también el nombre de ostiones, que la petrolera angloholandesa Shell usa como símbolo en varios países de América y Europa.

Pero no solo el capitalismo recurre a ese ícono. También la religión. Los peregrinos de Santiago de Compostela, en España, solían llevarla en su hábito.

 – “Pepitas de oro” del océano –

“Son las pepitas de oro del mar peruano”, aseguró a la AFP Wilmer Agüero, gerente de operaciones de la empresa exportadora Cultimarine.

La bahía de Sechura está llamada a ser “uno de los primeros productores de conchas de abanico en el mundo, por mucho tiempo”, resaltó Agüero desde el muelle pesquero.

Las 16.000 hectáreas de la bahía se dividen en ocho zonas de producción, donde trabajan 200 asociaciones de pescadores dedicadas a la crianza y producción del molusco Argopecten Purpuratus, su nombre científico.

La caleta de pescadores Parachique, en la provincia de Sechura, es una de la zonas de producción y acopio de conchas antes de que se exporten al mercado europeo y norteamericano.

A Parachique llegan a diario 200 botes pesqueros artesanales, que descargan unas 25 toneladas de conchas.

Tras el cosechado, el producto es cargado a camiones frigoríficos que las trasladan a plantas procesadoras en Sechura, donde se realiza el desvalve, lavado, pesado y embolsado de las conchas. Luego serán entregadas a empresas, que lo exportarán desde el vecino puerto de Paita.

“Los países que más demandan son Francia, que consume mucho tallo con coral, y Estados Unidos que nos compra el tallo”, dijo a la AFP Isabel Viza, propietaria de un Centro de procesamiento primario en Sechura, donde laboran más de cien personas.

Perú cuenta con un total de 20 áreas de producción de conchas.

– Sembrado y cosecha –

Los maricultores siembran la semilla de la concha de abanico en el fondo del mar. El tamaño de las conchas que se exportan es de siete centímetros.

Al cabo de nueve meses, el molusco está listo para ser comercializado. Su precio fluctúa entre 20 y 38 soles el kilo (entre seis y once dólares).

“Hay que estar constantemente monitoreando el producto en el mar”, señala a la AFP el pescador Tezen, quien encabeza las tareas de vigilancia en una zona de producción de 76 hectáreas en la costa.

Perú empezó hace 15 años a producir conchas de abanico, en especial en Sechura en la región Piura, dijo a la AFP el director regional de producción, Agustín Campos.

Según cifras oficiales, este año, hasta septiembre último se habían recolectado aproximadamente unas 18.000 toneladas cosechadas.

En 2017, por el impacto del fenómeno climático El Niño, que eleva la temperatura marítima, se dio una fuerte reducción de la producción.

Según la Sociedad Nacional de Industrias, las exportaciones de conchas de abanico entre enero y noviembre llegaron a 56,1 millones de dólares. En ese periodo se exportaron 4.557 toneladas, teniendo a Francia -con 1.208 toneladas- como principal destino.