Los Ángeles (California).- Millones de adultos mayores en Estados Unidos recurren habitualmente a medicamentos recetados para dormir, pese a las advertencias médicas sobre los riesgos que implican. Entre los efectos secundarios más comunes de estos fármacos se encuentran las caídas, fracturas, deterioro cognitivo y dependencia. 

Sin embargo, un nuevo estudio del Centro Schaeffer de Políticas de Salud y Economía de la USC aporta evidencia contundente de que reducir el uso de estos medicamentos podría tener importantes beneficios tanto para la salud pública como para la economía.

Según la investigación publicada en la edición de diciembre de The Lancet Regional Health – Americas, evitar estos fármacos en adultos mayores disminuiría en un 8,5% la incidencia de caídas y en un 2,1% los casos de deterioro cognitivo a lo largo de la vida. 

Además, se calcula que aumentaría la esperanza de vida en 1,3 meses, lo que, a nivel poblacional, representa 1,7 millones de años de vida ganados, en su mayoría en buen estado de salud. Estas cifras reflejan no solo una mejora individual, sino un impacto poblacional significativo.

El estudio estima que alrededor de 15,3 millones de estadounidenses mayores de 50 años utilizan medicamentos para dormir, incluidos benzodiacepinas y fármacos conocidos como «Z-drugs», como el Ambien. 

El uso de estos medicamentos aumenta con la edad y es más frecuente en mujeres y personas blancas. Aunque las principales guías médicas desaconsejan su uso prolongado, muchos médicos continúan recetándolos durante largos periodos, en parte porque los síntomas de abstinencia pueden malinterpretarse como una necesidad continua del tratamiento.

El insomnio en sí mismo representa un problema serio, especialmente entre personas mayores, ya que se asocia con riesgos elevados de depresión, enfermedades cardíacas y deterioro cognitivo. No obstante, el estudio demuestra que la solución farmacológica termina, a menudo, haciendo más daño que bien. 

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores utilizaron el Future Elderly Model, una herramienta de simulación desarrollada por el Centro Schaeffer, que permitió comparar los efectos del uso actual de estos medicamentos frente a un escenario sin su utilización. Los resultados incluyeron datos sobre salud física y mental, uso de residencias geriátricas, costos médicos y productividad.

Uno de los hallazgos más importantes fue que el grupo de adultos entre 65 y 74 años sería el más beneficiado por evitar estos fármacos, al experimentar mayores mejoras en sus capacidades cognitivas y físicas. Esto sugiere que las estrategias para reducir la prescripción deben concentrarse especialmente en este rango etario.

Además del impacto en la salud, el estudio revela un ahorro económico significativo. Se calcula que evitar estos medicamentos generaría un ahorro de $6,600 por persona, lo que se traduce en aproximadamente $101 mil millones en todo el país. La mayor parte de este ahorro proviene de mejoras en la calidad de vida y la reducción de gastos asociados a caídas y problemas de salud relacionados.

Frente a esta realidad, organizaciones médicas como la Academia Estadounidense de Medicina del Sueño recomiendan la terapia cognitivo-conductual para el insomnio (CBT-I) como tratamiento de primera línea. 

Esta terapia se enfoca en modificar hábitos de sueño y puede ser aplicada de forma presencial, en línea o mediante aplicaciones móviles, como el programa CBT-I Coach del Departamento de Asuntos de Veteranos. A diferencia de los medicamentos, CBT-I tiene una eficacia comparable en el corto plazo y superior a largo plazo, sin los efectos secundarios perjudiciales.

Investigaciones anteriores del mismo centro han identificado métodos efectivos para reducir prescripciones inapropiadas de antibióticos y opioides, y ahora se plantea la posibilidad de aplicar estrategias similares para los medicamentos para dormir. 

Una de estas propuestas incluye el uso de sistemas de historia clínica electrónica que alerten a los médicos cuando recetan estos fármacos a personas mayores. Al mismo tiempo, deben ofrecer información sobre alternativas seguras como CBT-I. También se sugiere enviar informes periódicos a los profesionales de la salud con comparaciones de sus patrones de prescripción respecto a sus colegas.

Los investigadores subrayan que el insomnio no debe subestimarse, pero que abordar su tratamiento de forma más segura y efectiva es fundamental. 

«El uso habitual de medicamentos para dormir conlleva riesgos reales. Apoyar a los médicos en la reducción de estas prescripciones y en la promoción de opciones comprobadas y seguras beneficiará a los pacientes y a la sociedad», afirmó Jason Doctor, coautor del estudio y académico senior en el Centro Schaeffer.

El equipo responsable del estudio incluye a investigadores de la Universidad del Sur de California (USC), la Universidad Northwestern y la Universidad de Washington, y recibió apoyo financiero del Instituto Nacional del Corazón, Pulmón y Sangre, así como del Centro Roybal de Intervenciones Conductuales en el Envejecimiento. Los autores señalaron que las entidades financiadoras no intervinieron en el diseño ni en la ejecución del estudio.

Este estudio refuerza la necesidad de un cambio en la manera en que se trata el insomnio en personas mayores. Al centrarse en alternativas más seguras y eficaces, como la terapia conductual, se podrían evitar múltiples consecuencias adversas, al tiempo que se promueve un envejecimiento más saludable y se reducen considerablemente los costos para el sistema de salud.

Este artículo fue elaborado con la ayuda de herramientas de inteligencia artificial y revisado por un editor de Hispanos Press.