Bethesda (Maryland).- Un medicamento utilizado para tratar la presión arterial alta está en el centro de una investigación sobre la grasa parda, el tejido que consume energía para producir calor. Científicos financiados por los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH) observaron que el losartán aumentó la actividad de ese tejido en células y ratones después de detectar una asociación en registros de pacientes.
El trabajo combinó un análisis de más de 100.000 personas que recibieron imágenes PET/CT por cáncer con experimentos destinados a examinar la relación entre el fármaco y el metabolismo de la grasa parda.
Los resultados ofrecen una base para seguir investigando en humanos. No establecen que el losartán sea un tratamiento para adelgazar ni que las asociaciones observadas en pacientes demuestren un efecto causal.
La grasa parda quema energía para producir calor
A diferencia de la grasa blanca, que almacena energía, la grasa parda la consume para generar calor. Ciertas imágenes PET/CT utilizadas en oncología permiten medir ese proceso.
Un equipo dirigido por Paul Cohen, de Rockefeller University, había examinado previamente registros e imágenes de más de 50.000 pacientes con cáncer. Ese análisis vinculó la presencia de grasa parda con una menor prevalencia de enfermedades cardiovasculares y metabólicas.
En el nuevo trabajo, los investigadores ampliaron la población estudiada y el número de códigos diagnósticos considerados. Cohen explicó que antes se habían enfocado principalmente en enfermedades cardiovasculares y que el nuevo alcance permitió explorar otras conexiones.
El equipo incluyó a Heiko Schöder y Daniel Lafontaine, del Memorial Sloan Kettering Cancer Center, y utilizó técnicas de inteligencia artificial para identificar asociaciones en la gran base clínica.
Más de 100.000 registros y más de 500 códigos diagnósticos
La nueva investigación consideró más de 500 códigos diagnósticos. Los autores encontraron que, además de la presencia o ausencia de grasa parda, un mayor nivel de actividad del tejido se relacionaba con más beneficios cardiometabólicos.
También examinaron seis depósitos de grasa parda del cuerpo. La actividad en la zona de las axilas mostró la relación más fuerte con la salud cardiometabólica.
Entre las conexiones adicionales apareció una menor incidencia de ansiedad y depresión en pacientes con mayor presencia de grasa parda. Ese resultado amplía las asociaciones exploradas por el equipo, pero no prueba que activar el tejido trate esos trastornos.
La investigación partió de registros de personas sometidas a PET/CT por cáncer. Esa característica define la población analizada y acompaña la interpretación de las relaciones encontradas.
Un patrón entre usuarios de bloqueadores de receptores de angiotensina
Uno de los resultados que llamó la atención fue una mayor actividad de grasa parda entre personas que tomaban bloqueadores de los receptores de angiotensina, un grupo de medicamentos conocido como ARB.
El losartán pertenece a esa clase y se prescribe habitualmente para la presión arterial alta. Los investigadores lo seleccionaron para explorar con más detalle la relación observada en los registros.
Las pruebas en células de grasa parda mostraron que el fármaco aumentaba directamente su actividad metabólica. El equipo también encontró que las interacciones moleculares de ese efecto eran diferentes de las que explican su acción sobre la presión arterial.
Nicolás Gómez-Banoy, primer autor, instructor de investigación clínica en Rockefeller y endocrinólogo de Weill Cornell Medicine, señaló que esa separación de mecanismos podría permitir aislarlos en futuras terapias.
Ratones con mayor gasto energético y peso estable
Los ratones sanos tratados con losartán presentaron señales de actividad metabólica aumentada. Entre ellas estuvieron un mayor gasto de energía, más consumo de oxígeno y mayor producción de dióxido de carbono.
A pesar de esos cambios, los animales mantuvieron un peso corporal estable. Por tanto, el experimento descrito no presenta pérdida de peso como resultado.
Los ensayos celulares y en ratones aportan evidencia distinta de las asociaciones clínicas. Los primeros examinan efectos del medicamento en condiciones experimentales; el análisis de pacientes identifica relaciones en una población ya registrada.
Juntas, esas partes del trabajo llevaron al equipo a proponer más investigación sobre cómo inducir actividad de grasa parda en humanos.
Activación de grasa parda: la investigación en humanos sigue pendiente
Griffin P. Rodgers, director del Instituto Nacional de Diabetes y Enfermedades Digestivas y Renales de NIH, destacó que el estudio utiliza grandes conjuntos clínicos y herramientas analíticas para explorar la grasa parda como objetivo terapéutico.
Cohen señaló que otros medicamentos también aparecieron asociados con la actividad del tejido en la población estudiada. El losartán representa un punto de partida, no la única posibilidad identificada.
El respaldo de NIH incluyó financiamiento de institutos dedicados a diabetes y metabolismo, cáncer, ciencias médicas generales y ciencias traslacionales. El siguiente desafío planteado por los autores es investigar la activación del tejido en personas y determinar si puede convertirse en una vía terapéutica.
Este artículo fue elaborado con la ayuda de herramientas de inteligencia artificial y revisado por un editor de Hispanos Press
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