Lima (AFP) – En una apacible calle de Lima, muy cerca del mar, son exhibidos los retratos de los 551 médicos peruanos muertos por la pandemia de covid-19, que ha golpeado duramente al país.

Un obelisco de mármol, de tres metros de altura, también fue construido en esta calle del distrito turístico de Miraflores, al sur de la capital peruana, con el fin de perpetuar la memoria de los galenos que perdieron la vida por atender a enfermos de coronavirus, dos de ellos el último mes.

Los 551 retratos, con nombre, fecha y región donde trabajaban, ocupan unos 200 metros de extensión en el frontis de la sede nacional del Colegio Médico del Perú, una casona de tres pisos de color amarillo. Son mayoritariamente hombres, pero también hay mujeres. Unos eran ancianos, otros bastante jóvenes.

Es el llamado «Paseo de los Héroes», como fue rebautizada la cuadra siete del Malecón de la Reserva, que pasa frente a la sede del gremio médico.

«Los médicos que están acá son héroes de bata blanca […], porque ellos han ofrecido su vida para salvar vidas y ellos, sin mascarillas, sin las condiciones, han enfrentado la pandemia», dice a la AFP el jefe del Colegio, Raúl Urquizo.

Banderas a media asta –

Frente a cada retrato hay un pequeño florero con rosas blancas frescas colocadas por la directiva del gremio. En algunos también hay coloridas flores dejadas por sus familiares. Hay unos pocos letreros sin foto, y en su lugar hay una cinta negra.

También hay una enorme cinta negra en el muro de la casona, en cuyo antejardín ahora flamean permanentemente a media asta las banderas de Perú y del Colegio Médico, que agrupa a 90.000 galenos.

Al frente de la casona está el parque Domodossola, cubierto de delgadas palmeras y frondosos ombúes con troncos de tres metros de diámetro. Entre los árboles, el Colegio y la Municipalidad de Miraflores construyeron el obelisco de mármol.

«Que vuestro sacrificio ilumine por siempre el ejercicio de la medicina en el Perú», dice la placa del monumento.

El parque está al borde de los acantilados de la bahía de Lima. Hacia abajo se ve el océano Pacífico y la autopista que bordea la costa, y hacia el sur el Morro Solar, que domina las populares playas de Chorrillos.

«Debieran estar vivos» –

Cientos de vecinos, ciclistas y turistas circulan cada día por el «Paseo de los Héroes», próximo al concurrido centro comercial Larcomar. Con frecuencia los peatones se detienen a observar los retratos en silencio.

También acuden a rezar y dejar flores los familiares de los 551 médicos, como Eduardo Izquierdo Valderrama, 64 años, y Elita Bocanegra, de 59.

Su hijo, el doctor Elías Eduardo Izquierdo Bocanegra (40), murió en la región amazónica de Loreto el 1 de septiembre de 2020, cuando Perú enfrenaba la peor etapa de la primera ola de la pandemia.

Con más de 201.000 muertos, el país andino de 33 millones de habitantes tiene la mayor tasa de mortalidad por la pandemia en el mundo: 6.111 por cada millón de habitantes, según balance de la AFP basado en cifras oficiales. En total, más de dos millones de personas se contagiaron.

«Yo le decía ‘hijo descansa, pida descanso’, él me decía ‘papá, los cobardes abandonan el barco, yo lucharé hasta el último y haré ver que como buen loretano que soy, no tengo miedo'», cuenta Eduardo a la AFP.

«Ellos debieran estar vivos, solamente que nuestro gobierno no se interesó», agrega el desconsolado padre, quien critica la tardanza de Perú para conseguir las vacunas y la endémica falta de recursos del sector salud.

«Se salió de control» –

Los 551 fallecidos por la pandemia corresponden al 6% de los médicos de Perú, una cifra superior a la de países vecinos como Colombia (131) o Chile (19), según datos de la Confederación Médica Latino Iberoamericana. Si bien en Brasil murieron 891 médicos, su población es siete veces mayor a la de Perú.

«Fallecieron muchos médicos, primero porque el Estado no los protegió con ropas, con medicinas y además los hospitales necesitaban mucho profesional para la atención por emergencia», indica Urquizo.

Según el líder gremial, «los hospitales no estaban preparados para este tipo de pandemia, ambientes hacinados, falta de medicina, falta de oxígeno sobre todo».

La situación «se salió de control», relata a la AFP el doctor Erick Orlando Cruz Mamani, quien sobrevivió al covid-19, recordando que el «abastecimiento de los equipos de protección era mínimo».

«Teníamos que usar las mascarillas prácticamente una para una semana, cuando la norma nos indica que tiene que ser máximo doce horas a ocho horas».

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