Los Ángeles (California).- A medida que se acerca el inicio de un nuevo año escolar, crecen también las preocupaciones en torno a la seguridad financiera de los estudiantes.
En 2024, la Comisión Federal de Comercio (FTC) reportó cerca de 30.000 casos de fraude entre personas menores de 19 años, con pérdidas que superaron los 55 millones de dólares.
Estos fraudes no solo representan un golpe económico, sino que también vulneran la privacidad y seguridad de miles de familias. Para padres, madres y estudiantes, mantenerse alerta es más importante que nunca.
Una de las amenazas más preocupantes es el robo de identidad estudiantil. Los estafadores están desarrollando tácticas cada vez más sofisticadas para acceder a bases de datos escolares y enviar correos electrónicos falsos haciéndose pasar por instituciones educativas.
En estos mensajes, suelen solicitar información confidencial como números de seguridad social, contraseñas o datos bancarios, aprovechándose de la confianza de los estudiantes. La recomendación clave es evitar realizar trámites personales desde redes Wi-Fi públicas, como las de bibliotecas o cafeterías.
También es fundamental guardar documentos valiosos en lugares seguros y activar la facturación electrónica para reducir el riesgo de que se extravíen documentos físicos.
Otro frente vulnerable son las estafas relacionadas con becas y ayudas financieras. Muchos jóvenes reciben mensajes o llamadas de supuestos representantes de bancos o instituciones que ofrecen becas a cambio de «verificar» datos personales.
En realidad, estos mensajes son un intento de recolectar información confidencial con fines fraudulentos. Ante esto, se recomienda ignorar llamadas y mensajes de números desconocidos, así como proteger toda la información relacionada con préstamos estudiantiles.
Herramientas como Chase Credit Journey permiten a cualquier persona monitorear su crédito e identidad de manera gratuita, ofreciendo alertas en caso de exposición de datos, incluso si no se es cliente de Chase.
Las compras de regreso a clases también se han convertido en terreno fértil para los fraudes. En particular, proliferan las estafas de alquiler de libros y útiles escolares a través de tiendas falsas en línea que prometen precios bajos.
A menudo, los productos nunca llegan, o si lo hacen, son de calidad inferior o inservibles. Para evitar caer en estas trampas, se aconseja verificar que los libros usados contengan códigos o credenciales válidas, comprar únicamente en tiendas oficiales y desconfiar de cualquier correo o mensaje no solicitado.
Una búsqueda rápida en internet con el nombre del sitio web acompañado de términos como «estafa» o «quejas» puede prevenir una experiencia desagradable.
Los estudiantes que se mudan a nuevos lugares también deben tener cuidado con las estafas de alquiler de habitaciones, conocidas como “roommate scams”. En estos casos, los estafadores publican anuncios atractivos de viviendas que en realidad no existen o ya están ocupadas. Luego piden depósitos o pagos por adelantado.
El día de la mudanza, la víctima se da cuenta de que ha sido engañada. La mejor defensa es asegurarse personalmente de que la vivienda existe antes de hacer cualquier pago y nunca enviar dinero a desconocidos.
Las estafas de soporte técnico son otro método común, donde los delincuentes se hacen pasar por técnicos escolares que necesitan «acceso remoto» a la computadora del estudiante para instalar supuestos programas educativos o reparar errores. Una vez que obtienen acceso, pueden robar información o instalar software malicioso.
La regla de oro en estos casos es nunca permitir el acceso a la computadora a personas no autorizadas y mantener las cuentas protegidas con contraseñas seguras y autenticación en dos pasos.
Finalmente, las estafas laborales han crecido, especialmente dirigidas a estudiantes que buscan un ingreso adicional. A menudo, estas ofertas de trabajo se presentan como oportunidades perfectas, pero son completamente falsas.
Una práctica común es enviar un cheque falso con un monto superior al acordado, pidiendo luego que se devuelva la «diferencia» al empleador, lo cual termina en pérdida de dinero. También se han reportado casos donde se exige información bancaria como parte del «proceso de contratación».
Para evitarlo, es fundamental desconfiar de ofertas poco claras encontradas en redes sociales o mensajes de texto, y recordar que ningún empleador legítimo solicitará que se envíe dinero mediante servicios como Zelle o similares.
A medida que el entorno digital sigue evolucionando, también lo hacen los métodos de los estafadores. Por eso, tanto padres como estudiantes deben mantenerse informados, tomar precauciones simples pero efectivas y utilizar herramientas tecnológicas confiables para proteger su información.
El regreso a clases debe ser una etapa de entusiasmo y crecimiento, no una puerta de entrada al fraude. Estar alerta puede marcar la diferencia entre un inicio de curso exitoso y una experiencia amarga con consecuencias duraderas.



































































