Río de Janeiro (AFP) – El presidente brasileño, Jair Bolsonaro, empezó en el hospital un año que ya se perfilaba difícil, con su popularidad en un mínimo histórico a nueve meses de las elecciones, una economía en recesión y un repunte de la pandemia.

El mandatario ultraderechista, de 66 años, tuvo que interrumpir el lunes sus vacaciones de Año Nuevo para ingresar de urgencia en un hospital de Sao Paulo debido a una obstrucción intestinal.

Aunque el miércoles fue dado de alta, después de que los médicos descartaran una cirugía, este nuevo problema de salud, secuela de la puñalada que recibió durante la campaña de 2018, inaugura un complicado fin de mandato rumbo a las elecciones de octubre, que según las encuestas perdería ante el expresidente izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva.

El coronavirus, al que Bolsonaro llegó a calificar de «gripecita», se ha cobrado casi 620.000 vidas en Brasil, un saldo solo superado por Estados Unidos, y los casos aumentan de nuevo en medio del avance de la variante ómicron.

Además, la economía que prometió revivir está en recesión, lastrada por la inflación, que ha pasado del 3,75% cuando asumió el cargo en enero de 2019 al 10,74% en la actualidad.

«Cansados y enojados» –

Después de tres años de mandato, el hombre apodado «Trump tropical» puede esgrimir pocos logros, más allá de mantener a su base de línea dura en pie de guerra, con sus constantes ataques a la izquierda «comunista», a la «ideología de género», el Congreso y la Corte Suprema, sin mencionar su escepticismo y críticas al uso del barbijo, las vacunas y las medidas de cuarentena contra el coronavirus.

«No sé qué es lo que puede rescatar a Jair Bolsonaro», afirma el experto en América Latina Brian Winter, editor en jefe de Americas Quarterly.

«Cuesta imaginar qué podría suceder en el frente económico para que suficientes votantes cambiaran de opinión y pudiera ser reelegido. Los brasileños están tan cansados y enojados», declara a la AFP.

La estancia en el hospital fue la última secuela del dramático momento que marcó el ascenso al poder de Bolsonaro: el apuñalamiento en septiembre de 2018 por parte de un hombre con problemas mentales.

Sobrevivió y ganó la presidencia en octubre, alimentando la fe incondicional de sus seguidores en el hombre al que llaman «Mito».

Pero su aura de invencibilidad se ha desvanecido durante su controvertido mandato, que ha polarizado todavía más el país.

Tras llegar al poder gracias a una amplia franja de votantes hartos del colapso económico, la corrupción y la criminalidad, Bolsonaro terminó enfocándose más en la «restauración moral» que en esas promesas, explica el analista político Oliver Stuenkel, de la Fundación Getulio Vargas.

«Falló en la economía y parece que también falló en la lucha contra la corrupción», dice.

Bolsonaro parece apostar por un nuevo y cuantioso programa social, llamado Auxilio Brasil, para seducir a los votantes de menores ingresos.

El gobierno estima que hasta 20 millones de personas recibirán pagos de al menos 400 reales (70 dólares) al mes este año, casi un 20% más en promedio que un programa anterior lanzado por el gobierno de Lula (2003-2010).

Pero «no parece que sea suficiente para comprar el apoyo de la clase trabajadora». «Gran parte del aumento será devorado por la inflación», dice Winter.

«Riesgo de nueva obstrucción» –

El presidente proyectó una imagen optimista mientras se recuperaba de su última crisis de salud. «Voy a continuar con normalidad», dijo, prometiendo mantener todos los eventos y viajes programados.

El doctor Diego Adao Fanti Silva, cirujano del tracto digestivo del Hospital Universitario Unifesp en Sao Paulo, dice a la AFP que «una vez pasa la crisis», la vida de los pacientes con una afección como la de Bolsonaro «se aproxima a la normalidad».

El cirujano principal de Bolsonaro, Antonio Luiz Macedo, advirtió sin embargo que si bien el presidente se encuentra en «muy buen estado de salud», «el riesgo de una nueva obstrucción es considerable» si no sigue la dieta prescrita por los médicos.

«Prisión, muerte o victoria» –

Hay temores en Brasil de que si Bolsonaro pierde las elecciones intente emular a su ídolo político, el expresidente estadounidense Donald Trump, y la invasión del Capitolio en Washington.

El mandatario ha dicho que «solo Dios» puede destituirlo de su cargo, y que las elecciones solo pueden tener tres resultados para él: «Prisión, muerte o victoria».

«Claramente, ha tenido éxito en la construcción de una base de seguidores radicalizados, muy comprometidos y leales», subraya Stuenkel.

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