Algeciras (España).- Para entender la magnitud universal de Paco de Lucía, el viajero no puede conformarse con admirar su estatua monumental en el acceso central al puerto de Algeciras. Debe adentrarse en el alma de la ciudad para seguir el rastro que el maestro, nacido Francisco Sánchez Gómez, dejó en cada rincón.
La Ruta Paco de Lucía es mucho más que un itinerario turístico; es una inmersión sentimental y biográfica que conecta su música con el paisaje y la gente que lo forjó, revelando cómo un chiquillo de la posguerra llevó la guitarra flamenca desde los humildes patios de vecinos hasta los escenarios más prestigiosos del mundo.
El punto de partida es, necesariamente, el barrio de La Bajadilla, una zona de viviendas sencillas y profundamente flamencas que constituyó la matriz artística del genio. Es en la Calle San Francisco, en el número 8, cerca de la Fuente Nueva, donde una placa conmemorativa marca el lugar exacto de su nacimiento en 1947, un hogar donde vivió hasta los cinco años.
La Bajadilla, con su arraigada tradición de cante y toque, actuó como la primera escuela no oficial de Paco, pues la música era el pan de cada día, un elemento tan indispensable como el aire que se respiraba. Esta inmersión temprana, fomentada por su padre, Antonio Sánchez Pecino, un guitarrista aficionado que vendía telas en el Mercado, sembró la semilla de una dedicación casi obsesiva.

Desde allí, el camino nos conduce a las calles que resonaban con el cante y el toque nocturno. Un enclave fundamental en esta etapa es la antigua Calle Munición, hoy rebautizada como Calle Comandante Gómez Ortega.
Esta calle, que entonces estaba plagada de bares y ventas donde se fraguaban las juergas de los «señoritos» algecireños, fue inmortalizada por el maestro en unas alegrías del álbum Luzia, un disco dedicado a su madre, Lucía Gómez.
Este lugar simboliza un recuerdo agridulce: si bien su padre acudía a acompañar a los cantaores para obtener un complemento económico, la crudeza de aquel ambiente, con sus excesos y, en ocasiones, su falta de respeto hacia el arte, dejó una huella profunda.
El relato de una madrugada en que su padre regresó llorando a casa porque un «señorito» le había roto la guitarra de una patada es un poderoso testimonio de las circunstancias que rodearon sus primeros años, y que, paradójicamente, forjaron su carácter y su determinación.

Es fundamental, en este punto, reconocer la influencia del Mercado de Abastos Ingeniero Torroja, otra parada ineludible. Aunque ya mencionada por su valor arquitectónico, su significado biográfico es inmenso. Aquí, Antonio Sánchez tenía su puesto de venta de telas, un trabajo que proporcionaba el sustento familiar.
El contraste entre la audaz cúpula modernista del mercado y la sencilla vida que se desarrollaba bajo ella, con el ir y venir de la familia Sánchez, es un símbolo de las humildes raíces que el artista nunca olvidó y que lo mantuvieron anclado a su tierra a pesar de la fama mundial.
El recorrido por la urbe alcanza su corazón en la ya mencionada Plaza Alta, un lugar al que Paco de Lucía dedicó una preciosa soleá en su influyente álbum Almoraima. La pieza, que lleva por título «Plaza Alta», refleja magistralmente el dualismo del espacio: por un lado, la tranquilidad de la tarde, propicia para los paseos familiares y los juegos de la infancia; por otro, el bullicio frenético de las mañanas.
Este doble compás capturado en la música evidencia cómo Algeciras no solo fue su lugar de nacimiento, sino una fuente de inspiración sensorial que alimentó su vocabulario musical, una paleta de sonidos que supo traducir a la guitarra.

Prosiguiendo hacia el paisaje natural que rodea la ciudad, la ruta se extiende a dos puntos que también dejaron su impronta en su obra. La antigua «Playa del Chorruelo», hoy desaparecida y ubicada junto al histórico Hotel Reina Cristina, era un lugar frecuentado por la familia y da nombre a uno de sus temas.
De igual manera, en la playa de El Rinconcillo, la visita a la «Casa Bernardo», un chiringuito regentado por un íntimo amigo, inspiró una de sus rumbas.
Pero el legado de Paco de Lucía en Algeciras va más allá de los lugares que pisó o que inspiraron sus composiciones, pues su memoria se celebra con instituciones culturales dedicadas a su figura.
El recién creado Centro de Interpretación Paco de Lucía, ubicado en el corazón de la ciudad, se erige como el santuario definitivo de su obra. Este espacio vivo y dinámico aspira a ser una referencia del flamenco a nivel global, un lugar donde el visitante puede sumergirse en la persona, el artista y su inmensa colección a través de paneles explicativos, proyecciones y material audiovisual.

Aquí se exhiben guitarras, discos y recuerdos personales, permitiendo al público comprender la evolución de su estilo, desde sus inicios hasta su innovación que incluyó la fusión con el jazz y la bossa nova, o la introducción del cajón peruano en el flamenco.
Finalmente, el último y más emotivo hito de esta ruta se encuentra en el Cementerio Viejo de Algeciras. Es aquí, en el Patio de San José, donde los restos del guitarrista reposan desde 2014, tal y como él lo deseó, junto a sus padres y hermanos.
El deseo de ser enterrado en su tierra natal, después de haber triunfado en todos los continentes, subraya su profundo apego a Algeciras. Su tumba se ha convertido en un lugar de peregrinación silenciosa, un recordatorio de que, a pesar de su estatus de «Guitarrista Universal», Paco de Lucía siempre fue y será el hijo de Algeciras, la voz de su guitarra resonando eternamente en el viento que cruza el Estrecho.
Este artículo fue elaborado con la ayuda de herramientas de inteligencia artificial y revisado por un editor de Hispanos Press.







































































