Bartsham (Bután).- La luz de la mañana baña los bancales de Norbu Gyeltshen con un resplandor suave y preciso, iluminando las pálidas panojas de quinua que se alzan entre el maíz y el chile. Cuando Norbu y su esposa, Pema Sedon, sembraron por primera vez quinua en su aldea, Bartsham, al este de Bhután, lo hicieron casi de forma experimental: una hilera entre muchas otras en aquella tierra parda que hasta entonces no había albergado más que arroz y trigo sarraceno.

Hoy, la quinua es un cultivo esencial para ellos: la temporada pasada cosecharon unos 1 200 kilos, cantidad que supuso una diferencia notable en sus ingresos y alivió su carga de trabajo. El aumento de la producción podría deberse a la variedad utilizada y al abono orgánico, comenta Norbu mientras se sacude la tierra de las manos.

“Antes de la quinua, a muchos nos costaba que nuestras explotaciones fueran rentables. Ahora, tenemos esperanzas. Este cultivo ha fortalecido nuestra comunidad y nos ha demostrado que los pequeños agricultores pueden prosperar”, añade. “La agricultura se ha vuelto más sencilla, más estable y más importante para nuestras familias”.

Además, con la quinua los agricultores están menos preocupados por perderlo todo a causa de las plagas o el clima.

En menos de un decenio, la quinua ha pasado de ser un grano andino prácticamente desconocido a convertirse en una prioridad nacional en Bhután. Con el respaldo de un decreto real, el llamado “rey de los granos”, como se lo conoce localmente, ahora crece en remotas aldeas de montaña. Hoy en día, se cultiva en los 20 distritos del país. En Bartsham, la aldea donde vive Norbu, los campesinos cosecharon unas 17 toneladas en 2023.

Su Majestad el Rey de Bhután visitó una parcela de demostración de quinua en Thimphu y, asombrado por su potencial, decretó la expansión del cultivo en todo el país. © FAO/Chimi Rinzin

Tras reconocer la quinua como producto agrícola especial del país en el marco de la iniciativa Un país, un producto prioritario (UPUP) de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Bhután está fortaleciendo las aptitudes de agricultores como Norbu mediante capacitación y apoyo técnico, para impulsar este cultivo resiliente y mejorar el acceso a los mercados.

La expansión continúa a través de bancos de semillas comunitarios, con el apoyo de la FAO y del Ministerio de Agricultura y Ganadería de Bhután. En el intercambio de semillas entre vecinos y en las reuniones donde los agricultores planifican nuevas siembras crece la confianza en que la tierra aún pueda proporcionarles sustento.

A principios del decenio de 2010, Bhután se enfrentaba a precipitaciones irregulares y a la disminución de la productividad de cultivos tradicionales como el arroz rojo y el trigo sarraceno, lo que incrementó su dependencia de los cereales importados. En 2015, la FAO colaboró con el Gobierno para introducir la quinua como parte de las iniciativas para probar cultivos resilientes al clima y ricos en nutrientes, adecuados para condiciones de gran altitud. Los agricultores descubrieron un grano capaz de germinar en suelos poco profundos y de resistir a la variabilidad climática, al tiempo que proporcionaba un valor nutricional superior al de la mayoría de los alimentos básicos locales.

El momento decisivo se produjo cuando Su Majestad el Rey Jigme Khesar Namgyel Wangchuck visitó una parcela de demostración en el Centro Nacional de Agricultura Orgánica de Thimphu. Impresionado por su potencial, decretó la expansión del cultivo de la quinua en todo el país. Entre 2016 y 2019, la FAO y el Ministerio de Agricultura y Ganadería de Bhután realizaron actividades de multiplicación de semillas, capacitación de agricultores y sensibilización. Lo que comenzó como una prueba en unas pocas aldeas remotas evolucionó rápidamente hacia un esfuerzo nacional coordinado.

La participación de Bhután en la iniciativa UPUP de la FAO dotó de estructura al proceso. Esta iniciativa ayuda a los países a seleccionar un producto estratégico único y a desarrollar su cadena de valor, desde la semilla hasta el mercado. En el caso de Bhután, la resiliencia de la quinua contribuía a los objetivos nacionales de diversificar la dieta, aumentar los ingresos de los agricultores y promover la producción orgánica.

Su Majestad el Rey de Bhután visitó una parcela de demostración de quinua en Thimphu y, asombrado por su potencial, decretó la expansión del cultivo en todo el país. © FAO/Chimi Rinzin

Bartsham se convirtió en el principal escaparate del programa. Su clima fresco y templado es idóneo para cultivos de altura. Hoy en día, 72 familias producen quinua, y cinco agricultores cultivan 16 acres de forma experimental.

Para los agricultores más veteranos, como Jampel Gyeltshen, de 58 años, la quinua es muy atractiva: “A medida que te haces mayor, las tareas del campo resultan más duras”, explica. “Pero la quinua necesita poco deshierbe y los animales silvestres no la dañan”.

La verdadera prueba llegó cuando aumentó su consumo. La cocina butanesa gira en torno al arroz rojo, el trigo sarraceno y el mijo. La quinua no tenía raíces culturales. Sin embargo, ahora se mezcla con el arroz rojo, se añade al khule (tortitas de trigo sarraceno) y se utiliza para hacer gachas y raviolis en reuniones comunitarias.

En el Hospital Nacional de Consulta Jigme Dorji Wangchuck, un proyecto piloto apoyado por la FAO sustituyó el 10 % del arroz blanco por quinua en las comidas de los pacientes. En seis meses, esta sustitución redujo el consumo de arroz en 2 000 kilos. La ingesta de fibra y proteínas mejoró, lo que ayudó a combatir enfermedades no transmisibles relacionadas con la dieta. El 75 % de los pacientes aceptó el cambio, una tasa sorprendentemente alta para una intervención alimentaria.

Tras esa experiencia, el Gobierno ha comenzado a introducir la quinua en las comidas escolares, con el objetivo de reducir en un 5 % el consumo de arroz. No obstante, a Dawa Gyeltshen, director de la Escuela Central de Bartsham, como a tantos otros, le preocupa si la producción podrá satisfacer la creciente demanda.

A principios del decenio de 2010, Bhután se enfrentaba a precipitaciones irregulares y a la disminución de la productividad de cultivos tradicionales, como el arroz rojo y el trigo sarraceno. La FAO colaboró con el Gobierno de Bhután para introducir la quinua, por tratarse de un cultivo resiliente al clima y rico en nutrientes, adecuado para la gran altitud del país. © FAO/Yeshey Tsheltrim

En respuesta, el Gobierno ha convertido la quinua en un producto básico prioritario para reforzar la seguridad alimentaria y aumentar la resiliencia climática. Su objetivo es ampliar el cultivo comercial mediante asociaciones con grupos de agricultores, empresas estatales y agentes privados. A la vez, continúa la investigación sobre variedades de quinua de alto rendimiento, incluidas las tricolores, que podrían alcanzar precios más elevados.

La FAO ha instalado una estación meteorológica en Bartsham para proporcionar datos en tiempo real sobre precipitaciones, heladas y variaciones microclimáticas. Esta información contribuye a la trazabilidad necesaria para el reconocimiento de la indicación geográfica y la sostenibilidad ambiental, que Bhután está tratando de conseguir. Dicho reconocimiento abriría nuevos mercados de exportación y recompensaría los métodos de producción ecológica.

Al caer la tarde sobre los bancales de las colinas de Bartsham, los últimos rayos de sol iluminan las panojas doradas de la quinua en maduración. Para agricultores como Norbu y Jampel, el brillo de esos campos refleja una nueva tradición en la agricultura de montaña y nuevas oportunidades para quienes la practican.