Dadaab (Kenya).- El huerto doméstico de Mariam se encuentra en el interior del campamento de refugiados de Hagadera, en Dadaab, en el este de Kenya. Este campamento de casas semipermanentes de chapa ondulada y tiendas de lona ha sido su hogar durante los últimos 19 años. Llegó aquí a los 34 años debido a los disturbios políticos en Somalia, su país natal, y desde entonces no ha conocido otro lugar. 

A lo largo de los años, ha trabajado duro para convertirlo en su hogar. Este huerto ha sido una parte importante de ese esfuerzo, así como para proporcionar productos nutritivos y variados a los siete miembros de su familia. 

El apoyo a los huertos domésticos en el campamento de Dadaab formaba parte de un proyecto de asentamiento de refugiados financiado por la Unión Europea y puesto en marcha por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en colaboración con otros organismos de las Naciones Unidas.

Aunque 2 000 comunidades de refugiados y de acogida de Dadaab recibieron ayuda para establecer huertos a través de este proyecto, el de Mariam sobresale en el campamento. Con semillas proporcionadas por la FAO, cultiva espinacas, col rizada —conocida comúnmente como Sukuma Wiki—, hierba mora, caupí, amaranto y malva de yute. Tanto la cantidad como la calidad de estos cultivos superan con creces a otros, por lo que los miembros de las comunidades acuden a aprender de ella. Algunos también le piden una parte de sus hortalizas para alimentar a sus familias.

Huertos domésticos cambian la vida en un campo de refugiados
Mariam lleva 19 años viviendo en el campamento de refugiados de Hagadera, en Dadaab, en el este de Kenya. Su huerto forma parte de sus esfuerzos para sentirse como en casa, pero lo más importante es que proporciona hortalizas nutritivas a los siete miembros de su familia. © FAO/Joseph Othieno

“Se ha convertido en algo habitual; las mujeres vienen aquí a ver y admirar mi huerto. También comparto las hortalizas con algunas de ellas, aunque la mayoría simplemente se quedan cautivadas, ya que nunca habían pensado que pudieran existir huertos domésticos tan verdes en Dadaab. Ahora se han armado de valor para ir a crear sus propios huertos”, apunta Mariam.

Dado que Dadaab es predominantemente árido, con suelos arenosos y escasos recursos hídricos, se trata de un reto formidable. Sin embargo, la FAO impartió capacitación para cultivar en estas condiciones. Mariam también tuvo que esforzarse más para mantener el huerto verde que prospera en la actualidad. A su buena mano con las plantas se suma la ayuda que suponen las visitas periódicas de los proveedores de servicios de extensión de la FAO, que hacen un seguimiento del progreso de sus cultivos

“Después de la capacitación, me informaron de que las hortalizas requerían suelo franco [suelo fértil]. Aquí es mayormente arenoso, y tuve que utilizar un carro tirado por un burro para traer la tierra desde lejos, a una hora de viaje”, señala Mariam. “Pero sabía que iba a rendir bien, y ahora aquí estoy con los resultados que pueden ver”, prosigue.

Mariam añade que la ilusión de que sus hijos tuvieran una alimentación suficiente y variada fue el principal impulso que la llevó a tener el huerto familiar. Fiel a su ambicioso sueño, es ahora una de las refugiadas autosuficientes que ya no necesitan raciones alimentarias.

Con financiación de la Unión Europea, la FAO ha apoyado los huertos en el campamento de refugiados, proporcionando semillas y capacitación en producción de hortalizas y nutrición. © FAO/Joseph Othieno

“Estas hortalizas son mejores que las que solía comprar en los mercados. Son frescas y han reducido considerablemente lo que tengo que gastar en la compra”, subraya Mariam.

Con el huerto, ahorra unos 45 USD al mes. Este dinero lo utiliza para comprar otros productos básicos para su familia.

Mariam explica que su mayor limitación es la falta de espacio. Sueña con ampliar su huerto doméstico para poder cultivar más y tener suficiente para alimentar a su familia e incluso vender el excedente en el mercado.

“Estoy segura de que preferirán mis hortalizas a las que traen de otras zonas, ya que las mías llegarán al mercado cuando estén aún muy frescas”, asegura Mariam.

Mariam y su familia de siete miembros tienen hortalizas suficientes para cada comida y para compartir con los vecinos, lo que promueve aún más la idea de tener huertos domésticos entre los otros refugiados. © FAO/Joseph Othieno

Además de recibir capacitación sobre los huertos domésticos, las familias asisten a demostraciones de cocina para desarrollar sus habilidades prácticas y reforzar su capacidad de preparar comidas variadas y nutritivas con alimentos disponibles localmente.

“Es estupendo ver que mujeres como Mariam y muchas otras están adoptando esta tecnología de producción de alimentos, que es muy práctica, pero lo más importante es su repercusión en términos de su nutrición e ingresos”, afirma Elizabeth Kamau, responsable del proyecto de la FAO.

El proyecto pretende llegar a otros 2 000 hogares y promover también la cría doméstica de pollos. La carencia de hierro y la anemia entre las mujeres en edad reproductiva y la escasa diversidad alimentaria entre los niños menores de cinco años son algunas de las principales preocupaciones en Dadaab. Mediante el cultivo de hortalizas y la cría de aves de corral, las familias pueden acceder a alimentos frescos y asequibles que ayudan a paliar las carencias nutricionales. 

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