Cuando Emilia Cantú Garza vio una “casita” llena de libros en un viaje a Austin (Texas), pensó inmediatamente en su comunidad.

“¿Por qué no podemos tener una?”, fue la pregunta que se hizo. Aunque ya las había visto en la televisión, apreciar una de primera mano fue algo que la convenció de llevarlo a su vecindario. 

La idea de poner libros gratuitos al alcance de todos los residentes de su comunidad en Monterrey (Nuevo León, México), fue el comienzo de un proyecto que ha continuado hasta ahora. 

Aunque tiene un título en Química, Cantú Garza no se dedica a la profesión desde que nació su hija. Posee una agencia de asesoramiento para búsqueda de trabajo. También le gusta el arte y, durante la pandemia ha estado decorando el parque cercano a su casa. 

Durante este período dedicado al parque, decidió instalar la biblioteca. El proyecto ha sido un trabajo conjunto con su hija Marina Román Cantú.

El proyecto tiene por nombre Mi Mar, la forma cariñosa como Cantú Garza se refiere a su hija y fue inaugurado el 12 de junio de 2021. 

“Me da mucha satisfacción haberlo hecho porque siempre he estado pegada a los libros”, dijo Cantú Garza, a quien le gusta escribir y el arte en todas sus formas. “De repente ver que la cultura puede ser accesible me llena de mucha satisfacción”.

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Marina Román Cantú describe en este publicación de Instagram como nació su amor por la lectura.

Un proyecto que ha cruzado fronteras

La idea que inspiró a Cantú Garza forma parte de un proyecto que nació en Estados Unidos en 2009, con el nombre Little Free Library (Pequeña Biblioteca Gratuita). 

De acuerdo con la página web de la organización, Todd Bol, de Hudson (Wisconsin), construyó la primera de ellas en forma de una escuela de una habitación en honor a su madre, una maestra a quien le encantaba leer. Colocó la biblioteca en su jardín, con el mensaje “Toma un libro, comparte un libro».

“Realmente creo en una pequeña biblioteca gratuita en cada cuadra y un libro en cada mano”, dijo Bol poco antes de morir, en 2018. “Creo que las personas pueden arreglar sus vecindarios, arreglar sus comunidades, desarrollar sistemas para compartir, aprender unos de otros y ver que tienen un mejor lugar en este planeta para vivir”.

La idea atrajo la atención de vecinos y amigos, por lo que Todd comenzó a pensar en la idea de extenderlo más allá de su vecindario, su estado y su país. 

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Para 2020, de acuerdo con cifras de la organización, había más de 100.000 pequeñas bibliotecas registradas en más de 100 países. 

Junto con Rick Brooks, fundó la organización sin fines de lucro Little Free Library en 2012, en donde se desempeñó como director ejecutivo hasta su muerte en 2018. Para 2020, de acuerdo con cifras de la organización, había más de 100.000 pequeñas bibliotecas registradas en más de 100 países. 

Cualquier persona con ánimo de ofrecer un rincón de lectura a su vecindario puede colocar una pequeña biblioteca gratuita, ya sea frente a su casa o en un lugar conveniente para todos. El administrador de esa biblioteca se encarga de atenderla pero depende de los usuarios mantenerla llena con libros.

Si el administrador desea que pertenezca a la red de las Free Little Library, puede contactar la organización, comprar la placa que se le coloca a la pequeña biblioteca y suministrar los datos de ubicación para ser incluida en el mapa mundial

“Cuando vi toda la infraestructura que manejaba la página [de la organización], si quise que si fuera parte de la organización”, cuenta Cantú Garza. “Yo si quería que estuviera en el mapa, quería estar involucrada en todas las actividades que hacen. Por eso fue que la inscribi”. 

El administrador de la pequeña biblioteca puede construirla con cualquier diseño o comprarla a la organización Little Free Libraries. Cantú Garza decidió mandar a construir la que colocó en su comunidad.

Una inspiración para la comunidad

La época navideña de 2021 fue una ocasión para decorar la pequeña biblioteca y enviar un mensaje a la comunidad sobre la necesidad de libros infantiles.

Al lado de la casita de libros, colocaron un buzón para que los niños enviaran  sus cartas a Santa Claus. Una vez que pasaron las fiestas, se dejó para que las personas colocaran libros para niños y se convirtió en otra biblioteca que figura en los registros de la organización desde el 25 de enero de 2022.  

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Antonella y su hermanita Isabella, asiduas visitantes de Mi Mar.

El buzón de los niños, destaca Cantú Garza, surgió de la inspiración de una niña de ocho años que encontró a Mi Mar y se ha convertido en una de las asiduas visitantes del lugar. La idea es que los más pequeños tengan su rincón de literatura.

“Creo que ha sido lo más satisfactorio. Ver que una niña de apenas ocho años, que no tiene redes sociales haya dado con la librería”, cuenta la artista, refiriéndose a la pequeña llamada Antonella. “Por ella puse el buzón porque a veces viene  y no hay nada de niños”.

El proyecto, destaca Cantú Garza, fue creando conciencia en la comunidad e incluso motivó a otros a construir bibliotecas similares. 

“Creo que durante la pandemia muchas personas han tenido mucho tiempo y leer ha sido uno de los hobbies que retomaron”, dice Cantú Garza. “Que durante la pandemia haya surgido esto, siento que es algo que nos beneficia y es algo que inspira a que otros lo hagan”.

También ha dado consejos a quienes visitan la casita y deciden hacer lo mismo en su comunidad.

“Al principio no tenía idea del impacto que iba a tener.”, dice Cantú Garza. “Pero que haya gente que  diga, ‘yo quiero tener uno igual’, se me hace muy interesante. Que sea realmente público y que sea gratuito”.  

“Me encantaría que hubiera muchas”

Los vecinos del área han sido los usuarios más asiduos de la biblioteca pero también hay personas que han llegado de otras partes en busca de libros. La idea es tomar y dejar libros, algo a lo que han respondido bien, como señala Cantú Garza.

“Aqui en Monterrey, hoy en dia hay muchas personas que regalan libros, que donan libros, que tienen diferentes proyectos y ellos me han ayudado a tener la librería siempre llena”  

Cantu Garza aspira que este proyecto se multiplique en su ciudad y en otras áreas de Mexico.

“Me encantaría que hubiera muchas. Que cada quien se hiciera responsable de una porque no es nada más ponerla realmente es cultivarla”, es el deseo de la artista. “Que le dieran difusión a este tipo de proyectos y que gente que no tiene recursos pudiera tomar un libro y que se les abran mundos”.

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