Ginebra (Suiza).- Solo un tercio de las cuencas hidrográficas del planeta presentó condiciones «normales» en 2024, según el último informe anual de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) sobre el estado de los recursos hídricos mundiales. 

Este dato confirma por sexto año consecutivo un claro desequilibrio en el ciclo del agua, agravado por el calentamiento global, fenómenos meteorológicos extremos y una pérdida generalizada de masa glaciar. 

El informe, que ofrece una evaluación exhaustiva sobre la disponibilidad de agua dulce en el planeta, subraya la urgencia de mejorar el monitoreo, el intercambio de datos y la acción climática basada en ciencia.

En 2024, las anomalías hídricas se intensificaron. Dos tercios de las cuencas fluviales del mundo mostraron caudales muy por encima o por debajo del promedio histórico de 1991 a 2020. 

América del Sur y el sur de África fueron duramente golpeados por graves episodios de sequía, especialmente en regiones clave como la cuenca del Amazonas, los ríos San Francisco, Paraná y Orinoco, así como los ríos Zambeze, Limpopo y Okavango. A la par, África occidental y central, junto con partes de Asia y Europa, enfrentaron lluvias más intensas de lo normal, generando inundaciones masivas que afectaron a millones.

La Secretaria General de la OMM, Celeste Saulo, advirtió que los recursos hídricos están bajo una presión creciente y que los fenómenos extremos vinculados al agua tienen un impacto cada vez más devastador en la vida de las personas y en los ecosistemas. 

«El agua es indispensable para nuestras sociedades. No se puede gestionar lo que no se mide», afirmó, destacando la importancia de contar con datos fiables y sistemas de monitoreo robustos para orientar políticas eficaces.

Uno de los hallazgos más alarmantes del informe es la pérdida de masa glaciar por tercer año consecutivo en todas las regiones del planeta. En total, se perdieron 450 gigatoneladas de hielo, el equivalente a un volumen capaz de llenar 180 millones de piscinas olímpicas. Esta fusión masiva elevó el nivel del mar en aproximadamente 1,2 milímetros en tan solo un año. 

Los glaciares de Escandinavia, Svalbard y el norte de Asia fueron los más afectados, mientras que en los glaciares tropicales de Colombia la pérdida de masa alcanzó el 5 % en 2024. 

Esta tendencia preocupa particularmente a regiones que dependen de los glaciares para su abastecimiento hídrico estacional, ya que muchos de ellos han alcanzado o están por superar el denominado «pico de agua».

En 2024, alrededor del 60% de los ríos del mundo tenían demasiada o muy poca agua. Los patrones de descarga de los ríos mostraron desviaciones fuertes y persistentes respecto del promedio de largo plazo en 2024, continuando un patrón de seis años de un ciclo hidrológico errático. Foto: OMM

El informe también revela que prácticamente todos los 75 lagos analizados registraron temperaturas superiores a lo normal durante el mes de julio, lo que afecta negativamente la calidad del agua y el equilibrio de los ecosistemas acuáticos. 

Además, en materia de aguas subterráneas, solo el 38 % de los pozos analizados en 47 países presentaron niveles normales. El resto mostró signos de escasez o sobreabundancia, muchas veces como resultado de una explotación insostenible que pone en riesgo la disponibilidad futura de este recurso vital.

A nivel global, las tendencias fueron dispares. Mientras que en algunas regiones, como Europa central, el norte de India o Kazajstán, se registraron recargas importantes en embalses y acuíferos debido a precipitaciones por encima del promedio, en otras zonas —particularmente África, Australia y algunas partes de América— persistieron los déficits hídricos. 

La evapotranspiración también presentó contrastes importantes, reflejando la creciente volatilidad del ciclo hidrológico.

En 2024, todas las regiones glaciares del mundo reportaron pérdidas debido al derretimiento por tercer año consecutivo. Foto: OMM

Los fenómenos extremos marcaron el año con fuerza. En África tropical, lluvias inusualmente intensas provocaron alrededor de 2.500 muertes y desplazaron a 4 millones de personas. Europa vivió su peor temporada de inundaciones desde 2013, con un tercio de sus redes fluviales por encima del umbral de crecida. 

Asia y el Pacífico enfrentaron ciclones tropicales y lluvias récord que dejaron más de mil víctimas fatales. En Brasil, el sur del país fue azotado por inundaciones que causaron 183 muertes, mientras que la cuenca del Amazonas continuó asediada por una sequía persistente que ya afecta al 59 % del territorio nacional.

Más allá de los datos, el informe resalta la necesidad urgente de cooperación internacional, inversión sostenida en infraestructura de monitoreo y políticas de gestión hídrica basadas en evidencia científica. Se estima que actualmente 3.600 millones de personas carecen de acceso adecuado al agua al menos un mes al año, y la cifra podría superar los 5.000 millones en 2050. 

Esto aleja cada vez más la posibilidad de alcanzar el Objetivo de Desarrollo Sostenible número 6, que busca garantizar agua limpia y saneamiento para todos.

La OMM hace un llamado claro a los gobiernos, organismos multilaterales y la sociedad civil para actuar con rapidez y decisión. La disponibilidad de agua dulce no solo es una cuestión ambiental, sino también una condición esencial para la salud pública, la seguridad alimentaria y la estabilidad económica y política global. 

En un mundo donde el agua se convierte en un recurso cada vez más escaso e impredecible, medir, compartir y actuar son tres pasos imprescindibles para evitar una crisis hídrica de proporciones catastróficas.