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Encuentran vestigios de un posible espacio ceremonial maya de 1.500 años

La estructura fue localizada durante las obras del libramiento ferroviario vinculado al Tren Maya y podría haber tenido funciones rituales dentro de un antiguo conjunto residencial

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Encuentran vestigios de un posible espacio ceremonial maya de 1,500 años
Un equipo de arqueólogos y 150 trabajadores manuales hicieron el reconocimiento del sitio patrimonial. Foto José Luis Diaz

Progreso (México).- Un modesto edificio de piedra que sobresale entre antiguas viviendas mayas está despertando el interés de los arqueólogos en Yucatán. Su forma, ubicación y características arquitectónicas apuntan a que pudo haber sido utilizado para actividades vinculadas con las creencias y la vida ritual de una comunidad que habitó la región hace más de 1,500 años.

El hallazgo fue realizado por especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) durante los trabajos de salvamento arqueológico. Estos trabajos acompañan la construcción del servicio ferroviario de carga del Tren Maya, en el tramo que conectará las poblaciones de Poxilá y Paraíso, al sur del puerto de Progreso.

La estructura forma parte de una unidad residencial maya localizada al norte de la comunidad de Yaxché de Peón, en el municipio de Ucú, donde investigadores documentaron evidencias de un asentamiento desarrollado durante el periodo Clásico, entre los años 400 y 750 d.C.

¿Qué encontraron los arqueólogos en Yucatán?

Durante la exploración de la zona, un equipo conformado por arqueólogos y alrededor de 150 trabajadores manuales identificó una unidad integrada por conjuntos domésticos distribuidos alrededor de patios.

Las viviendas fueron construidas con piedra caliza y hoy solo conservan vestigios como alineamientos de muros, cimientos, accesos y vanos que permiten reconstruir parcialmente la forma en que vivieron sus antiguos habitantes.

Sin embargo, entre las estructuras residenciales apareció un edificio que llamó especialmente la atención de los investigadores.

El arqueólogo José Luis Díaz Cruz exploró una construcción cuadrangular de aproximadamente seis metros de largo por seis metros de ancho que presentaba características distintas a las del resto del conjunto habitacional.

La estructura cuenta con tres niveles superpuestos y una banqueta adosada en el lado sur, desde donde se tiene una vista privilegiada hacia el conjunto residencial. Además, un alineamiento de muro en uno de sus cuerpos indica que probablemente tuvo una pequeña habitación superior elaborada con materiales perecederos.

¿Por qué creen que pudo tener un uso ritual?

La hipótesis surge a partir de varios elementos registrados durante la excavación.

En el centro de la estructura se localizó un «panucho», un pequeño disco de piedra caliza utilizado como tapa lateral de un jobón, un tronco ahuecado empleado tradicionalmente como colmena.

También se identificó un arreglo formado por tres piedras planas y una cavidad tallada en la roca madre que alcanzaba aproximadamente 80 centímetros de profundidad.

Aunque en este espacio no se recuperaron materiales arqueológicos, la combinación de su diseño arquitectónico, sus dimensiones y su ubicación dentro del conjunto residencial llevó a los especialistas a considerar que pudo estar destinada a actividades relacionadas con la ideología y las creencias de quienes habitaron el lugar.

La coordinadora de los trabajos arqueológicos en el frente 1 del proyecto, Susana Echeverría Castillo, señaló que la estructura pudo cumplir funciones asociadas al ámbito ceremonial o ritual del grupo maya que ocupó el asentamiento.

Por ello, se ha propuesto su preservación mediante una medida técnica de protección que consiste en cubrirla con geotextil dentro del camino de servicio proyectado para la infraestructura ferroviaria.

Una pista sobre la vida de los antiguos habitantes

La investigación también permitió recuperar una ofrenda arqueológica que ayuda a ubicar temporalmente la ocupación del sitio.

Los especialistas encontraron una vasija acompañada de un sartal de cuentas elaboradas con concha y piedra verde dentro de una de las estructuras domésticas.

Con base en este descubrimiento, los arqueólogos consideran de manera preliminar que la unidad habitacional corresponde al periodo Clásico maya, una etapa de gran desarrollo cultural en la región.

Estos hallazgos aportan nuevas evidencias sobre la forma en que se organizaban los asentamientos del noroeste de Yucatán y cómo podían integrarse los espacios domésticos con áreas posiblemente destinadas a prácticas rituales.

¿Qué relación podría tener con otros sitios mayas?

La importancia del descubrimiento va más allá de una sola estructura.

De acuerdo con Susana Echeverría Castillo, asentamientos contemporáneos con características similares han sido registrados en terrenos del Parque Científico y Tecnológico de Yucatán, en la carretera Sierra Papacal.

En esos lugares se documentaron estructuras pequeñas de forma circular construidas sobre basamentos cuadrangulares, las cuales fueron interpretadas como probables altares.

Los investigadores analizan ahora si existe una conexión entre estos asentamientos y una red regional más amplia vinculada con Chunchucmil, un importante sitio comercial maya.

Según la propuesta de investigación, estas comunidades podrían haber funcionado como puntos de intercambio entre la costa y el interior de la península.

Chunchucmil habría servido como enlace entre zonas costeras donde se obtenían recursos como sal y pescado, asentamientos menores establecidos en la planicie norteña y centros regionales de mayor relevancia, como Oxkintok.

Los especialistas buscan determinar si estos grupos participaron en circuitos de intercambio donde productos marinos llegaban a comunidades agrícolas ubicadas en tierras fértiles del interior, mientras que estas aportaban recursos provenientes de la milpa.

¿Por qué este hallazgo es importante?

Cada descubrimiento arqueológico permite comprender mejor cómo vivían, se organizaban y concebían el mundo los pueblos que habitaron el territorio mexicano antes de la llegada de los europeos.

La secretaria de Cultura del Gobierno de México, Claudia Curiel de Icaza, destacó que preservar una posible estructura ritual maya significa proteger una memoria colectiva que forma parte del patrimonio cultural de todos.

Además de resguardar vestigios materiales, este tipo de investigaciones contribuye a fortalecer el conocimiento sobre la identidad, la continuidad cultural y las formas de vida de las civilizaciones que dejaron una profunda huella en la historia de México.

¿Qué significa para el público en general?

Para las comunidades actuales, estos hallazgos permiten ampliar el conocimiento sobre el legado maya y ayudan a preservar sitios que forman parte del patrimonio histórico y cultural del país.

La conservación de la estructura propuesta por los arqueólogos busca garantizar que la evidencia arqueológica permanezca protegida mientras continúan los proyectos de infraestructura en la región.

También aporta nueva información para futuras investigaciones sobre las rutas comerciales, la organización social y las prácticas rituales de los antiguos mayas del noroeste de Yucatán.

¿Qué sigue?

Los especialistas continuarán analizando la estructura y comparando sus características con otros sitios arqueológicos registrados en la región.

Uno de los principales objetivos será determinar si efectivamente tuvo una función ritual y establecer con mayor precisión su relación con otros asentamientos contemporáneos vinculados a redes comerciales mayas.

Mientras avanzan los estudios, la propuesta de preservación permitirá proteger el hallazgo y conservar una pieza más del complejo mosaico histórico que aún permanece oculto bajo el suelo de Yucatán.

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