Ciudad de México (México).- El Museo del Templo Mayor reúne por primera vez los hallazgos realizados durante más de un siglo alrededor del Teotlachco, la principal cancha de juego de pelota de Tenochtitlan. Esto se logra en una exposición temporal que permite mirar ese espacio como escenario político, ritual y social de la capital mexicana.
La muestra, titulada El juego de pelota en Tenochtitlan, forma parte del Programa Mundial Social, impulsado por la Secretaría de Cultura del Gobierno de México y el Instituto Nacional de Antropología e Historia. Permanecerá abierta hasta septiembre de 2026 en el recinto ubicado en el Centro Histórico de la Ciudad de México.
El Teotlachco bajo la calle Guatemala llega al Museo del Templo Mayor
Los restos del Teotlachco permanecen bajo la actual calle Guatemala, en el Centro Histórico. La exposición acerca al público piezas que normalmente se estudian desde excavaciones, préstamos especializados y condiciones de conservación estrictas.
El recorrido integra más de 100 piezas y lotes arqueológicos y etnográficos, la mayoría vinculados con el espacio conocido también como el juego de pelota de los dioses. Para el director del Museo del Templo Mayor, Francisco Mendiola Galván, la muestra permite concentrar, por primera vez, los descubrimientos asociados con esa cancha principal.
El juego de pelota aparece en la exposición como una práctica que iba más allá del deporte o el entretenimiento. En la capital mexicana, las canchas o tlachtli fueron espacios de convivencia y representación para gobernantes, nobles, practicantes profesionales y espectadores. Al mismo tiempo, durante el Posclásico Tardío, entre 1200 y 1521 d.C., el juego mantuvo una relación particular con la guerra y el sacrificio.

Pelotas olmecas de 3,700 años dentro de un recorrido mexica
Uno de los núcleos más llamativos de la exposición es la presencia de dos pelotas de hule procedentes de El Manatí, Veracruz. Estas piezas, con una antigüedad estimada de 3,700 años, son consideradas entre las más antiguas del mundo y permiten trazar una línea histórica que antecede por mucho a la ciudad mexica.
La incorporación de esas pelotas exige medidas especiales. La restauradora Thalia Velasco Castelán explicó que fueron diseñadas cápsulas especiales para mantener estabilidad de temperatura y humedad, necesarias para conservar objetos de hule de esa antigüedad.
El diálogo entre piezas olmecas, hallazgos mexicas y objetos etnográficos posteriores muestra una práctica con larga duración en Mesoamérica. La exposición también incluye guantes de cuero y metal, palos de pino y pelotas de madera procedentes de Michoacán y de la región tarahumara de Chihuahua, bajo resguardo del Museo Nacional de Antropología.
Más de un siglo de exploraciones reunido en una sola muestra
La historia arqueológica del Teotlachco se remonta a las exploraciones de Leopoldo Batres a principios del siglo XX. Décadas después, durante la construcción de la Línea 2 del Metro en 1967 y 1968, Jordi Gussinyer ubicó el centro de la cancha. Nuevos trabajos del Programa de Arqueología Urbana, durante la cimentación de la Catedral Metropolitana, permitieron identificar otro segmento.
En 2014, las excavaciones realizadas en el predio del Hotel Catedral, en Guatemala 16, detectaron la esquina norte de la cancha y sus escalinatas. Entre los materiales asociados se encuentran vértebras cervicales humanas localizadas como parte de una ofrenda junto a las escaleras exteriores del lado norte.
El arqueólogo Raúl Barrera Rodríguez destacó la reunión inédita de piezas que van desde las pelotas de piedra registradas por Batres hasta ofrendas localizadas por Gussinyer y prestadas por el Museo Nacional de Antropología. La curaduría incorpora trabajos de Barrera Rodríguez, Lorena Vázquez Vallin y Eduardo Matos Moctezuma, fundador del Programa de Arqueología Urbana.

De la guerra y el sacrificio a la continuidad del juego
La exposición no presenta el juego de pelota como una imagen estática del pasado. Lo ubica dentro de un sistema ceremonial, político y social que también tuvo continuidad en la época virreinal y en prácticas que permanecieron en distintas regiones.
Antonio Huitron Santoyo, subdirector general de Patrimonio Cultural Inmaterial, consideró que la propuesta museográfica recuerda que los lazos históricos pueden trascender las fronteras del tiempo.
Desde el propio museo, Atzin Sánchez Juárez vinculó la exposición y las visitas controladas con una democratización de la cultura, al acercar al público materiales que por su complejidad de conservación suelen quedar fuera del alcance cotidiano.
El Teotlachco no aparece solo como ruina bajo una calle del Centro Histórico, sino como un punto donde convergen investigación científica, patrimonio y formas de imaginar la comunidad.
































































