París (Francia).- Los ingresos agrícolas mundiales podrían aumentar durante la próxima década, pero ese avance no está garantizado. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura proyectan que el ingreso agrícola bruto por trabajador crecerá en promedio 9% para 2035, impulsado por mejoras de productividad y precios agrícolas relativamente estables.
La misma proyección incorpora una advertencia central: si la frecuencia reciente de crisis y conflictos se mantiene, existe una probabilidad de 25% de que los ingresos agrícolas de 2035 caigan por debajo de los niveles actuales. Para productores, consumidores y comunidades que dependen de cadenas alimentarias estables, el dato convierte el crecimiento previsto en un escenario condicionado por la resiliencia del sistema agroalimentario.
El informe Perspectivas Agrícolas OCDE-FAO 2026-2035 fue presentado en París y Roma el 29 de junio de 2026. Sus conclusiones combinan una mirada de largo plazo sobre productividad, producción y consumo con riesgos inmediatos vinculados a energía, fertilizantes, comercio y seguridad alimentaria.
Un crecimiento agrícola sujeto a nuevos choques
Bajo un escenario de estabilidad, la producción agrícola y pesquera mundial aumentaría 13% en los próximos diez años. El crecimiento se apoyaría principalmente en productividad e intensificación, con una expansión concentrada en Asia, África subsahariana y América Latina.
La OCDE y la FAO esperan que la producción mundial de cereales alcance un récord de 3,220 millones de toneladas para 2035. Los rendimientos crecerían 0.9% anual, mientras que la superficie cultivada aumentaría 0.1% anual. Para ese año, 40% de los cereales se destinaría al consumo humano y 34% a alimentación animal.
Mathias Cormann, secretario general de la OCDE, advirtió que los sistemas agroalimentarios están bajo presión y llamó a fortalecer la resiliencia, apoyar la respuesta ante choques climáticos, invertir en productividad y mantener mercados abiertos.
Qu Dongyu, director general de la FAO, planteó que la resiliencia no consiste solo en superar la última crisis, sino en prepararse para la siguiente. El funcionario destacó la importancia de rutas comerciales diversificadas, reservas regionales, infraestructura resistente y una matriz energética más diversa para evitar que interrupciones temporales se conviertan en crisis de seguridad alimentaria.
Energía y fertilizantes presionan la producción de 2027
Uno de los escenarios de riesgo más concretos se ubica en el corto plazo. Si durante la segunda mitad de 2026 se mantiene el aumento promedio de 33% en los precios de la energía observado en los primeros seis meses del año, la producción mundial de cereales caería 0.9% en 2027. En países de bajos ingresos, la reducción sería de 1.7%.
El informe vincula ese efecto con el uso de fertilizantes y los costos de producción. Una energía más cara y un menor uso de fertilizantes podrían reducir la producción agrícola, elevar precios de alimentos y forzar a hogares de bajo ingreso a consumir menos o elegir productos más baratos.
El impacto no se distribuiría por igual. Los países de bajos ingresos enfrentarían un deterioro más pronunciado de la seguridad alimentaria, especialmente donde los hogares gastan una proporción elevada de sus ingresos en comida y donde los sistemas productivos tienen menos margen para absorber costos externos.
Pequeños agricultores ante precios reales más bajos
Las mejoras de productividad también presionarían a la baja los precios reales de los productos básicos. Para consumidores, esa tendencia puede aliviar el costo de alimentos. Para pequeños agricultores, puede representar una dificultad adicional, sobre todo si enfrentan volatilidad de precios, menos acceso a tecnología y menor capacidad para mejorar su productividad.
La OCDE y la FAO plantean que los gobiernos deben apoyar la productividad y mejorar el acceso de agricultores a mercados y programas locales de apoyo. La recomendación apunta a evitar que los beneficios de una agricultura más eficiente se concentren en quienes ya cuentan con recursos para adaptarse.
El informe también proyecta cambios en las dietas. En países de ingresos bajos y medios, la alimentación se diversificaría con más productos de origen animal. En países de bajos ingresos, especialmente en África subsahariana, la seguridad alimentaria y nutricional seguiría rezagada. En economías de altos ingresos, el consumo excesivo continúa como un desafío.
América Latina en un mapa agrícola hacia 2035
América Latina aparece dentro de las regiones donde se concentrará parte del crecimiento agrícola y pesquero durante la próxima década. El informe no presenta ese crecimiento como un resultado aislado, sino como parte de un reacomodo mundial en el que Asia y África subsahariana también ganan peso.
La demanda de biocombustibles crecería 1.4% anual, impulsada por Brasil, India e Indonesia. La producción pesquera y acuícola aumentaría 11% para 2035, con la acuicultura subiendo de 53% a 56% de la producción total. Asia continuaría como motor principal de oferta y demanda en ese sector.
Las emisiones directas de gases de efecto invernadero de la agricultura crecerían 6.5% durante la década. Cerca del 77% de ese aumento estaría asociado a hatos ganaderos y el 23% al uso de fertilizantes sintéticos.
Para lectores vinculados a comunidades agrícolas, consumidores latinos y familias preocupadas por el costo de los alimentos, el informe ofrece una lectura doble: la productividad puede mejorar los ingresos y la disponibilidad de alimentos, pero la volatilidad de energía, comercio y conflictos puede borrar parte de esas ganancias.

































































