Santiago (Chile).- América Latina y el Caribe cuenta con recursos naturales, capacidades productivas y un mercado de más de 660 millones de personas que podrían ampliar su influencia en un mundo cada vez más fragmentado. Sin embargo, convertir esos activos en desarrollo requerirá estrategias claras, instituciones fuertes y una gobernanza efectiva.

Esa es la tesis central de «Rupturas y oportunidades: propuestas para que América Latina y el Caribe prospere en la nueva era geopolítica», informe elaborado por una comisión convocada por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe.

El grupo, copresidido por la expresidenta chilena Michelle Bachelet y el expresidente colombiano Iván Duque, reunió a 13 personalidades de América Latina y el Caribe, América del Norte, África, Asia y Europa. Sus integrantes participaron a título individual y ad honorem, con el respaldo del secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres.

Ocho rupturas transforman el escenario mundial

La comisión identificó ocho cambios simultáneos que están modificando las relaciones internacionales y las opciones de desarrollo. El primero es una reconfiguración de la globalización: la interdependencia económica, antes asociada con estabilidad y eficiencia, también se utiliza ahora como instrumento de poder y coerción.

El informe también señala que hay una disminución del multilateralismo y el desarrollo de una gobernanza global fragmentada, compuesta por alianzas específicas y plataformas en competencia. A ello se suma el tránsito desde una hegemonía unipolar dominada por Estados Unidos hacia una competencia multipolar asimétrica.

El poder blando también está cambiando. La comisión señala una reducción de la influencia estadounidense en ese terreno y un ascenso de China. Paralelamente, registra retrocesos democráticos, mayor polarización política y una disminución en la proporción de países considerados democracias liberales.

La desinformación constituye otra ruptura. La manipulación algorítmica y el uso malintencionado de la inteligencia artificial erosionan la confianza en las instituciones, alimentan la polarización y reducen la legitimidad democrática.

El diagnóstico incorpora los retrocesos en derechos de las mujeres, igualdad de género e inclusión, así como el debilitamiento del consenso mundial sobre el clima. Las políticas climáticas están siendo subordinadas con mayor frecuencia a estrategias industriales, seguridad energética y competencia geopolítica.

Litio, cobre, alimentos y biodiversidad como activos estratégicos

La región posee el 46 % de las reservas mundiales de litio, el 35 % de las de cobre, el 28 % de las de grafito y el 23 % de las de tierras raras. Estos recursos ocupan un lugar central en las transformaciones energéticas, productivas y tecnológicas descritas por la comisión.

América Latina y el Caribe también es la principal región exportadora neta de alimentos del mundo. Alberga casi la mitad de la biodiversidad terrestre del planeta, un tercio de sus recursos de agua dulce y la matriz eléctrica más limpia del mundo.

A esos activos naturales se suman capacidades humanas, financieras y productivas. La comisión también destaca el valor político de una región libre de armas nucleares y de guerras entre Estados, junto con su patrimonio cultural y otros elementos de poder blando.

El informe no plantea que esa riqueza produzca desarrollo automáticamente. Su aprovechamiento depende de políticas capaces de movilizar recursos, ampliar la capacidad productiva y transformar ventajas naturales en beneficios sostenidos para los países y sus habitantes.

Un mercado de 660 millones con poco comercio interno

El mercado regional supera los 660 millones de personas y podría funcionar como motor de diversificación productiva. Sin embargo, el comercio entre países latinoamericanos y caribeños representa apenas el 14 % de las exportaciones totales de la región, una de las tasas más bajas del mundo.

Esa brecha muestra la distancia entre el tamaño potencial del mercado y su nivel actual de integración. Para la comisión, la capacidad regional de actuar en el escenario internacional depende también de fortalecer los vínculos económicos internos y articular posiciones comunes.

El informe propone aprovechar el momento movilizando activos estratégicos, fortalecer la gobernanza, las instituciones y la democracia, e impulsar la capacidad de acción internacional y regional. Sus diez recomendaciones se organizan alrededor de esos tres ejes.

Instituciones sólidas para convertir recursos en desarrollo

José Manuel Salazar-Xirinachs, secretario ejecutivo de la CEPAL, definió las propuestas como una hoja de ruta para movilizar los activos regionales y aumentar la proyección internacional de los países.

«Ninguna de sus recomendaciones puede llevarse a la práctica sin una gobernanza eficaz e instituciones sólidas», plantea el informe. Entre sus prioridades aparecen el fortalecimiento de la capacidad fiscal del Estado y el tratamiento de la delincuencia organizada como un problema de gobernanza regional, no únicamente como una cuestión de seguridad.

La comisión sostiene que América Latina y el Caribe tienen influencia política, además de riqueza mineral, agrícola, hídrica y cultural. El desafío consiste en reconocer esas capacidades y coordinarlas en un entorno marcado por rivalidades entre potencias, desinformación, retrocesos democráticos y tensiones climáticas.

Diez propuestas frente a una oportunidad que no será automática

El mensaje final combina oportunidad y advertencia. La región dispone de minerales críticos, alimentos, biodiversidad, agua dulce, energía limpia, población y capacidades productivas. Pero sin estrategias innovadoras de desarrollo e inserción internacional, esas ventajas podrían no traducirse en prosperidad.

Las diez propuestas buscan orientar una respuesta conjunta a los cambios globales. La comisión pide movilizar activos, mejorar las instituciones y fortalecer la capacidad regional para decidir y actuar en un escenario internacional menos previsible.

Bachelet, Duque y los demás integrantes sitúan así a América Latina y el Caribe no solo como territorio expuesto a las decisiones de otras potencias, sino como una región que puede construir una posición propia. Esa posibilidad dependerá de la gobernanza, la integración y la capacidad de transformar sus recursos estratégicos en desarrollo.

Este artículo fue elaborado con la ayuda de herramientas de inteligencia artificial y revisado por un editor de Hispanos Press.

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