Brasilia (Brasil).- Las señales del cambio climático ya no son una advertencia lejana para América Latina y el Caribe. Ahora se reflejan en huracanes más destructivos, temperaturas récord, sequías prolongadas, inundaciones mortales y océanos cada vez más cálidos y ácidos.
Así lo revela el informe Estado del clima en América Latina y el Caribe 2025 de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), presentado en Brasilia, donde expertos alertaron que la región enfrenta una aceleración de fenómenos extremos que afectan desde la salud pública hasta la agricultura, el acceso al agua y la economía de millones de personas.
«La información climática va mucho más allá de los datos. Es esencial para las personas”, afirmó la secretaria general de la OMM, Celeste Saulo, al advertir que los riesgos climáticos continúan aumentando en toda la región.
¿Qué está pasando con el clima en América Latina?
El informe documenta un patrón cada vez más visible: eventos extremos más frecuentes e intensos.
Entre los principales hallazgos aparecen:
- Olas de calor históricas por encima de los 40 °C.
- Huracanes más intensos.
- Sequías prolongadas.
- Inundaciones devastadoras.
- Retroceso acelerado de glaciares.
- Aumento del nivel del mar.
- Calentamiento y acidificación de los océanos.
La OMM señala que el período entre 1991 y 2025 registró la tendencia de calentamiento más intensa desde que comenzaron las mediciones en 1900.
México experimentó el ritmo de calentamiento más rápido de la región, con aproximadamente 0,34 °C por década entre 1991 y 2025. América del Sur y América Central y el Caribe también mostraron aumentos sostenidos de temperatura.
El calor extremo ya se convirtió en una amenaza sanitaria
Uno de los puntos más preocupantes del informe es el impacto del calor extremo sobre la salud pública.
Durante 2025, amplias zonas de América del Norte, América Central y América del Sur registraron olas de calor intensas y recurrentes. Varias ciudades superaron temperaturas consideradas históricas.
Entre los casos más extremos destacan:
- Mexicali, México: 52,7 °C, nuevo récord nacional.
- Río de Janeiro, Brasil: 44 °C.
- Mariscal Estigarribia, Paraguay: 44,8 °C.
- Múltiples regiones de América Central superaron los 40 °C y 45 °C.
La OMM advirtió que muchos países aún no registran de forma sistemática las muertes relacionadas con el calor. Sin embargo, tomando datos de 17 países, se estima que entre 2012 y 2021 ocurrieron unas 13.000 muertes anuales atribuibles a las altas temperaturas.
Según el organismo, las cifras reales podrían ser mucho mayores.
Huracanes más intensos y costosos
El informe también pone el foco en el huracán Melissa, considerado un ejemplo de cómo los fenómenos extremos están cambiando rápidamente.
En octubre de 2025, Melissa se convirtió en el primer huracán categoría 5 registrado en tocar tierra en Jamaica. El ciclón dejó 45 muertos y pérdidas económicas estimadas en 8.800 millones de dólares, equivalentes a más del 41 % del PIB del país.
Aunque el fenómeno no tenía precedentes históricos, las autoridades jamaicanas utilizaron modelos avanzados de riesgo climático para activar medidas de preparación y financiamiento anticipado, lo que ayudó a reducir el número de víctimas.
La OMM considera este caso una señal de que los sistemas de alerta temprana y la planificación climática pueden salvar vidas.

Sequías e inundaciones golpean al mismo tiempo
Mientras algunas regiones sufren lluvias torrenciales, otras enfrentan crisis severas por falta de agua.
El informe explica que en los últimos 50 años las precipitaciones se han vuelto más extremas en América Latina y el Caribe. Esto significa períodos secos más prolongados combinados con lluvias más intensas y destructivas.
En 2025, las consecuencias fueron graves:
- Más de 110.000 personas resultaron afectadas por inundaciones en Perú y Ecuador.
- México registró 83 muertes relacionadas con crecidas en octubre.
- Hubo deslizamientos de tierra y daños masivos en infraestructura.
Paradójicamente, México vivió en junio el mes más lluvioso jamás registrado, pero al mismo tiempo la sequía llegó a afectar al 85 % del territorio nacional, golpeando cultivos y embalses.
El Caribe también enfrentó una grave escasez de agua, mientras partes del sur de América del Sur registraron déficits de lluvia superiores al 40 %, agravando pérdidas agrícolas y aumentando el riesgo de incendios forestales.
Los glaciares andinos se están derritiendo más rápido
La OMM advierte que los glaciares andinos, considerados una fuente clave de agua dulce para aproximadamente 90 millones de personas, están perdiendo masa de forma acelerada.
El problema afecta especialmente a comunidades rurales que dependen del agua proveniente de los glaciares para:
- consumo doméstico,
- agricultura,
- energía hidroeléctrica,
- actividades industriales.
Los datos muestran pérdidas significativas tanto en los Andes meridionales como en glaciares tropicales de Colombia y Ecuador.
La combinación de menos hielo, mayor demanda de agua y limitada capacidad de adaptación podría convertirse en uno de los mayores desafíos hídricos de la región.
El océano también está cambiando
Otro de los hallazgos más alarmantes del informe ocurre en el mar.
La OMM confirmó que el océano continúa absorbiendo calor y dióxido de carbono generado por la actividad humana. Como consecuencia:
- aumenta la temperatura del agua,
- disminuye el pH del océano,
- se degradan ecosistemas marinos,
- se afectan arrecifes de coral y pesca.
En 2025, amplias zonas del Atlántico y el Pacífico registraron mínimos históricos de pH, señal de una creciente acidificación.
Además, hubo olas de calor marinas extremas en el golfo de México, el mar Caribe y frente a las costas de Chile.
El aumento del nivel del mar también avanzó más rápido que el promedio mundial en varias zonas costeras del Caribe y el Atlántico tropical.
¿Por qué esto importa a la población?
Los efectos del cambio climático ya impactan directamente la vida cotidiana de millones de personas en América Latina y comunidades hispanas vinculadas a la región desde Estados Unidos.
Las consecuencias pueden sentirse en:
- Aumento de precios de alimentos,
- Pérdidas agrícolas,
- Escasez de agua,
- Riesgos para la salud,
- Daños por tormentas e inundaciones,
- Presión migratoria en comunidades vulnerables.
La OMM insiste en que mejorar los sistemas de alerta temprana y la información climática será clave para proteger vidas y reducir pérdidas económicas.
¿Qué sigue ahora?
La organización considera que el informe no debe verse solo como una publicación científica, sino como un llamado urgente a reforzar la preparación climática.
Entre las prioridades mencionadas están:
- Mejorar observaciones meteorológicas,
- Invertir en servicios climáticos,
- Ampliar alertas tempranas,
- Integrar información climática en salud pública,
- Fortalecer la preparación ante desastres.
«La información climática debe llegar a quienes más la necesitan”, subrayó Celeste Saulo.
Con temperaturas en aumento, océanos más cálidos y fenómenos extremos cada vez más frecuentes, el desafío climático en América Latina ya dejó de ser un problema del futuro.





































































