Madrid (España).- El Instituto Cervantes ha incorporado a su Caja de las Letras un legado in memoriam de Luis Eduardo Aute, cantautor, poeta, cineasta y artista plástico fallecido en Madrid en 2020. La selección reúne obras y objetos personales destinados a representar la diversidad de disciplinas que marcaron su trayectoria.
Entre las piezas depositadas en la caja n.º 991 figuran su largometraje de animación Un perro llamado dolor, parte de su producción poética, el disco Autorretratos, un catálogo de su obra plástica y varios objetos vinculados a su proceso creativo y a su vida cotidiana, desde un lápiz y un tubo de pintura hasta una de las pipas que utilizaba cuando intentaba dejar de fumar.
El homenaje contó con la participación del director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, y de Miguel Aute, uno de los hijos del artista. Como testigos de honor asistieron el gestor cultural y escritor Miguel Munárriz, la editora Palmira Márquez y el músico Luis Mendo.
Cine, música y poesía confluyen en la caja 991
La selección realizada por la familia busca reflejar una producción artística que trascendió la música, el ámbito por el que Aute alcanzó una amplia notoriedad.
García Montero destacó durante el acto esa multiplicidad creativa y el diálogo que el artista establecía entre diferentes lenguajes.
«La vitalidad de la música, las palabras literarias, el cine, la pintura, la escultura… Aute fue un ejemplo de ese diálogo que permite que las disciplinas se relacionen entre sí y se reúnan en la palabra ‘arte’», afirmó el director del Cervantes.
También subrayó la «complicidad» que acompañó buena parte de la trayectoria del artista y recordó la presencia de sus amistades y colaboradores en su obra y en su memoria.
Entre los nombres mencionados durante el homenaje estuvieron Rosa León, Víctor Manuel, Miguel Poveda, Paco Ibáñez, María del Mar Bonet y Sisa, artistas que colaboraron con Aute.
Un perro llamado Dolor, más de 5.000 dibujos
Uno de los elementos centrales del legado es Un perro llamado dolor, largometraje de dibujos animados que Aute realizó utilizando más de 5.000 dibujos y que fue nominado al Premio Goya en la categoría de mejor película de animación.
Miguel Aute recordó que su padre se refería a la cinta como una «bestia de la animación experimental».
«Así le gustaba definirla a él, porque Un perro llamado dolor fue uno de sus grandes hitos: un largometraje en el que utilizó más de 5.000 dibujos, pensamos que se le había ido la cabeza», relató.
La película representa dentro del depósito la vinculación de Aute con el cine, una de las numerosas formas de expresión que exploró a lo largo de su carrera.
Una pipa y un lápiz muestran el lado cotidiano de Aute
Junto a las obras publicadas, la familia eligió objetos personales que permiten acercarse a los hábitos creativos y cotidianos del artista.
Uno de ellos es una pipa que Aute utilizaba durante sus intentos por abandonar el tabaco. Su hijo explicó que tenía muchas y que recurría a ellas para mordisquearlas cuando intentaba dejar de fumar.
«Él siempre hacía intentos de dejar de fumar, porque fumaba mucho, y en uno de sus múltiples intentos cogía la pipa y la mordía. Esta es de las pocas que no teníamos mordisqueada», contó Miguel Aute.
También se depositó «uno de los millones» de lápices que utilizaba para escribir y dibujar, además de una pequeña paletilla que representa su trabajo como escultor.
El conjunto incorpora asimismo un tubo de pintura, elegido para recordar la que su hijo describió como la primera disciplina de Aute y la que más quería.
La obra plástica ocupa un lugar central en el legado
La pintura está representada por Transfiguraciones, un catálogo que reúne numerosos óleos y que refleja una faceta fundamental en la producción de Aute.
Miguel Aute se refirió a la obra plástica como el «ojito derecho» entre las disciplinas desarrolladas por su padre.
La familia también entregó los ‘poemigas’ manuscritos correspondientes a la parte final de Séptimo animal, además de varias hojas que combinan dibujos y ‘poemigas’.
La producción poética está representada por varios volúmenes que reúnen gran parte de su obra. Queda pendiente una parte de Séptimo animal, cuya publicación está prevista próximamente, de acuerdo con lo explicado por su hijo durante el acto.
Otro de los elementos seleccionados fue Autorretratos, un disco que Miguel Aute describió como «una especie de best of» que el propio artista se autopublicó con el propósito de recuperar su obra.
Un elefante y una fotografía completan los recuerdos personales
La Caja de las Letras también recibió una pequeña figura de un elefante, un objeto relacionado con una colección que llegó a ocupar un espacio considerable en la casa del artista.
Miguel Aute explicó que alguien regaló en una ocasión un elefante a su padre, este mostró su agrado y la noticia se extendió entre sus conocidos. Con el tiempo, la familia terminó acumulando cientos de estas figuras.
Otro de los recuerdos personales es una fotografía de Aute con su perra Duna, a la que su hijo describió como «el gran amor de su vida».
La amplitud de la producción del artista dificultó la selección de los objetos, explicó Miguel Aute.
«Hay tanta obra que ha costado mucho decidir, y está casi toda su obra recogida, pero siempre queda el casi porque era muy amplia», afirmó.
José Mercé interpretó «Al alba» para cerrar el homenaje
El acto también reunió testimonios de personas que mantuvieron una relación personal con Aute. Participaron su biógrafo, Miguel Fernández; el poeta Fernando Beltrán; Miguel Munárriz y Palmira Márquez, quienes hablaron sobre las distintas dimensiones de su legado musical, pictórico y artístico.
Durante el homenaje se proyectó además un video en el que Rozalén interpretó «La belleza».
El cierre musical estuvo a cargo del cantaor José Mercé, acompañado a la guitarra por Manuel Cerpa, con una interpretación de «Al alba», una de las composiciones más conocidas de Aute.
Una trayectoria que comenzó mucho antes de sus grandes discos
Luis Eduardo Aute nació en Manila, Filipinas, en 1943, y residió en Madrid desde 1954. Aunque desarrolló una reconocida carrera como músico y cantautor, su producción se extendió a la pintura, la literatura y el cine.
Su primer álbum, Diálogos de Rodrigo y Ximena, apareció en 1968. A ese trabajo le siguieron, entre otros, 20 canciones de amor y un poema desesperado, Querencias y Alas y balas.
Aute publicó asimismo numerosos poemarios y desarrolló una obra cinematográfica en la que destaca Un perro llamado dolor.
Fallecido en Madrid en 2020, su producción queda ahora representada en la Caja de las Letras por una selección que combina obras terminadas, herramientas de creación y recuerdos familiares. Desde los miles de dibujos de una película de animación hasta un lápiz, una pipa o un pequeño elefante, las piezas depositadas recorren las distintas vertientes de una trayectoria marcada por la convivencia entre música, poesía, cine y artes plásticas.
Este artículo fue elaborado con la ayuda de herramientas de inteligencia artificial y revisado por un editor de Hispanos Press
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