Huye (Rwanda).- En la región de Huye, situada en el sur de Rwanda, cuando las bayas de café se han teñido de rojo y están maduras, los agricultores, debidamente capacitados, cosechan estos frutos en el momento preciso. Los recolectores trabajan metódicamente, saliendo de la sombra de un cafeto a la intensa luz del sol, antes de dirigirse al siguiente. El silencio del trabajo solo se ve interrumpido por el canto de las aves y el leve repiqueteo de las bayas maduras al caer en los cubos de plástico.

Las bayas recolectadas se trasladan rápidamente a las estaciones de selección, ubicadas en amplios espacios abiertos entre las onduladas colinas de la región. Allí, hombres y mujeres se sitúan a ambos lados de largas mesas y trabajan en silencio, seleccionando cuidadosamente solo las bayas de la más alta calidad.

A continuación, las bayas seleccionadas se trasladan a la estación de lavado. A diferencia de las labores de recolección y clasificación, que se llevan a cabo en silencio, la estación de lavado, situada más cerca de las instalaciones de elaboración, se caracteriza por una actividad incesante y un ruido constante.

Aphrodis Twagirayezu, agrónomo y director de la estación de lavado de café de Kyarumba, explica: “Una vez que los trabajadores han seleccionado cuidadosamente las bayas de café y descartado las que están demasiado maduras, las introducimos en el tanque de flotación para retirar las que flotan”.

Aphrodis explica que las bayas dañadas, poco maduras o secas pueden individuarse mediante la prueba de flotación. “Todo depende de la densidad. Los granos de café de alta calidad presentan una mayor densidad en el agua, por lo que se hunden, mientras que los de menor calidad flotan en la superficie. Retiramos esas bayas de menor calidad antes de continuar con el proceso de elaboración”.

Esta etapa de la estación de lavado es fundamental para seleccionar únicamente las mejores bayas destinadas a la producción de cafés de especialidad. A continuación, esas bayas selectas pasan a las fases posteriores de elaboración: despulpado, fermentación, lavado y secado.

La proliferación de estaciones de lavado de café, junto con la capacitación impartida a agricultores, clasificadores y trabajadores de dichas estaciones, ha sido decisiva para transformar las cosechas de café de Rwanda en cafés de especialidad de mayor valor comercial, destinados a mercados especializados del extranjero.

Por su parte, en Kenya, otro país célebre por su café, una cooperativa cafetera del condado de Baringo logró reanudar su actividad gracias la adopción de un nuevo liderazgo y la aplicación de una serie de reformas destinadas a mejorar la gobernanza y la gestión empresarial con objeto de hacer frente a la baja producción y al rápido descenso del número de miembros.

Si bien produce mucho más café que Rwanda, Kenya goza igualmente de renombre por la alta calidad de sus granos de café arábica. Su producción está ampliamente extendida por todo el país: se cultiva café en 33 de sus 47 condados, lo que proporciona empleo y medios de vida importantes para millones de habitantes de las zonas rurales.

Al igual que en Rwanda, la producción cafetera en pequeña escala de Kenya depende en gran medida de cooperativas, que proporcionan a los productores de café acceso a financiación y mercados, mejores instalaciones de elaboración y la posibilidad de influir en las decisiones que afectan a sus negocios.

Ambos países colaboran con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) para priorizar la producción de café y trabajar de manera constante en su mejora, con el fin de aumentar los ingresos de sus numerosos pequeños productores.

Rwanda ha elegido la producción cafetera como prioridad nacional en el marco de la Iniciativa Mano de la mano de la FAO con miras a seguir desarrollando las cadenas de valor del café del país e invirtiendo en ellas. Mediante el establecimiento de esta prioridad en el contexto del programa de la FAO, Rwanda pretende aprovechar asociaciones entre los sectores público y privado y modelos de negocio innovadores para implicar a los jóvenes e incorporar soluciones agrotecnológicas en la producción de café.

En Kenya, las cooperativas del condado de Baringo se asociaron con el Mecanismo para Bosques y Fincas de la FAO, que potenció las reformas de la cooperativa mediante una donación de 30 000 USD concedida en el marco de su Programa de Pequeñas Donaciones. La transformación lograda en menos de tres años ha sido impresionante. El número de miembros ha aumentado de 756 a casi 1 200 agricultores. La proporción de mujeres y jóvenes entre los miembros de las cooperativas se ha disparado, pasando de alrededor del 10 % al 40 %.

“Nuestros miembros participan en todas y cada una de las actividades desde la misma fase de planificación”, dice Jackson Lenge, Presidente de la Cooperativa Agrícola Tenges de Baringo. “Impartimos cursos de capacitación en análisis y desarrollo de la cadena de valor del café, en los que abordamos cuestiones relacionadas con el establecimiento de los cultivos de café, desde la preparación del suelo hasta la gestión de los cultivos, la aplicación de fertilizantes, la poda y otros aspectos relacionados con la gestión”.

Aunque su importancia varía en función de la escala, el café desempeña un papel fundamental en el empleo rural, los medios de vida y las economías nacionales de Kenya, Rwanda y varios otros países africanos. El continente africano representa el 17 % de la producción mundial de café y el 12 % de las exportaciones mundiales de este producto. Esas exportaciones también generan ingresos en divisas y contribuyen al establecimiento de importantes relaciones comerciales con mercados de todo el mundo.

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