Ciudad de México (México).- La compleja y profunda dualidad entre la vida y la muerte que caracterizó al pensamiento mexica —y, en general, a toda la cosmovisión mesoamericana— es el eje central de *Vida y muerte, la dualidad en el Templo Mayor, un documental que no solo explora las raíces de esta concepción ancestral, sino que también rinde homenaje a uno de los más destacados arqueólogos del país: Eduardo Matos Moctezuma.
Esta producción, dirigida por Rafael Morales Orozco en colaboración con el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), fue presentada recientemente en el Museo Nacional de las Culturas del Mundo (MNCM), con gran expectativa y reconocimiento.
El documental ofrece una inmersión visual y conceptual en la historia del Templo Mayor de Tenochtitlan, conocido también como el Huei Teocalli, y lo hace a través de la mirada de su mayor conocedor: el fundador del Proyecto Templo Mayor, Eduardo Matos Moctezuma.
Durante 47 minutos, divididos en dos partes, la producción muestra la complejidad simbólica de esta estructura sagrada, su conexión con la visión del mundo tenochca y cómo se entendía el universo a partir de la dualidad fundamental: la vida y la muerte.
Raúl Barrera Rodríguez, director del Programa de Arqueología Urbana del INAH, explicó que el Templo Mayor fue concebido como un símbolo de dos montañas sagradas: el Coatépetl y el Tonacatépetl, representando respectivamente la muerte y la vida.
Esta dualidad se reflejó en una arquitectura donde hay espacios dedicados a dioses como Huitzilopochtli y Tláloc, mostrando el equilibrio entre la destrucción y la fertilidad. Prueba de ello son los hallazgos en el Cuauhxicalco, el Huei Tzompantli y el Huei Tlachtli, al pie del templo, que conforman un eje simbólico de la muerte, mientras que otras construcciones dedicadas a dioses como Ehécatl-Quetzalcóatl, alineados con Tláloc, constituyen el eje de la vida.
El documental no solo explora estos aspectos arqueológicos, sino que también propone una lectura emocional y cultural del simbolismo mexica, mostrando cómo esta dualidad sigue viva en la idiosincrasia del pueblo mexicano.
Jesús Torres Peralta, encargado del Departamento de Museos y Comunicación Educativa de la Zona Arqueológica de Teotihuacan, destacó que abordar el tema de la vida y la muerte permite comprender el peso emocional y colectivo que esta dicotomía tiene en la tradición actual. Consideró la obra como un puente entre el pasado y el presente, y un homenaje merecido a la trayectoria de Matos Moctezuma, quien ha dedicado su vida al estudio del México prehispánico.
Por su parte, Eduardo Matos Moctezuma, en un mensaje enviado con motivo del estreno, celebró la sensibilidad del director para trasladar a la pantalla el pensamiento mexica. Reconoció que Rafael Morales Orozco logró capturar, con claridad y belleza, esa concepción ancestral en la que la muerte no es final, sino transición y presencia constante en la vida.
«El trabajo muestra, de manera atractiva y clara, las presencias ancestrales que cobran vida a través de la muerte», expresó el arqueólogo.
La gestación del proyecto se remonta a dos años atrás, cuando Morales Orozco se interesó en los túneles hallados en la etapa constructiva IVb del Huei Teocalli, estructuras que podrían tener una funcionalidad ritual semejante a las de Teotihuacan, como las del Templo de Quetzalcóatl o la Pirámide del Sol.
Estos túneles finalizan en cámaras donde se han encontrado ofrendas, reforzando la idea de un espacio sagrado vinculado con el tránsito entre planos existenciales.

El relato del documental se enriqueció con las aportaciones del arqueólogo Francisco Osorio Dávila y del antropólogo físico José Emmanuel Muñoz Salazar, quienes ayudaron a estructurar una narrativa sólida que permite al espectador adentrarse en los planos del universo mexica.
La primera parte se enfoca en la cosmovisión, el panteón de dioses y la representación del templo como montaña sagrada. La segunda parte es un recorrido por la zona arqueológica que conecta esa visión con los descubrimientos arqueológicos que la sustentan.
La directora del Museo Nacional de las Culturas del Mundo, Alejandra Gómez Colorado, subrayó la importancia del espacio como sede para el estreno del documental, al considerar que su institución es «hermana» del Templo Mayor, pues ambas forman parte de la conservación y divulgación del legado mexica.
El documental, en suma, no es solo una pieza audiovisual de divulgación, sino un vehículo que recupera, honra y proyecta la forma en que los mexicas entendieron el mundo: como una realidad tejida con lazos indivisibles entre la vida y la muerte.
Esta visión no ha quedado enterrada en los templos ni en los códices, sino que sigue viva en la cultura contemporánea mexicana, en sus rituales, en sus altares y en su forma de mirar el más allá.





































































