Los Ángeles (California).- Hubo un tiempo en internet en el que un video grabado desde un teléfono podía convertirse en un fenómeno mundial de la noche a la mañana. Una caída graciosa, una canción improvisada o un baile inesperado bastaban para capturar la atención colectiva de millones de personas. Pero esa versión del internet que parecía unir a todos alrededor del mismo contenido está perdiendo fuerza.
Según Kristen Walker, profesora de marketing y experta en tecnología y privacidad de datos en California State University, Northridge, la viralidad, como se conocía hace una década, está cambiando rápidamente. El contenido todavía se comparte y alcanza millones de vistas, pero rara vez logra el impacto cultural duradero que antes definía a los grandes momentos virales.
El cambio no ocurre por casualidad. Detrás de esa transformación están los algoritmos, la inteligencia artificial y el creciente poder de unas pocas compañías tecnológicas que ahora controlan lo que millones de personas ven cada día.
¿Por qué los videos virales ya no dominan internet como antes?
Walker explica que las redes sociales actuales funcionan de manera muy distinta a las plataformas de hace más de 10 años. Antes, muchas personas veían prácticamente el mismo contenido en sus cronologías. Hoy, cada aplicación personaliza la experiencia según los intereses, búsquedas y hábitos de cada usuario.
«El alcance y la velocidad con la que las personas reciben contenido está cambiando», señaló Walker. Aunque el contenido sigue propagándose, «raramente lo hace con la fuerza o duración de antes».
Esa personalización extrema tiene una consecuencia directa: ya no existe el mismo nivel de experiencia compartida entre usuarios. Mientras una persona pasa horas viendo ciertos videos, otra puede no enterarse nunca de que esas tendencias existieron.
La experta sostiene que los algoritmos modernos funcionan como una especie de filtro invisible que decide qué merece atención y qué desaparece rápidamente. Y ahora, con inteligencia artificial involucrada en esos sistemas, el proceso es aún más complejo.
El algoritmo decide más de lo que muchos imaginan
Walker compara los algoritmos con una receta que ya no solo sigue instrucciones, sino que también puede modificarlas sin que el usuario lo note.
«Estos algoritmos ahora pueden crear y cambiar la receta, y probablemente no lo sepas», explicó. Para la académica, el problema es que existe muy poca supervisión sobre cómo funcionan esos sistemas y cómo moldean las perspectivas de las personas.
En la práctica, esto significa que las plataformas entregan contenido basado en preferencias detectadas automáticamente, priorizando aquello que genera más interacción inmediata. El resultado es un consumo rápido, fragmentado y cada vez más personalizado.
Ese modelo beneficia la permanencia de los usuarios dentro de las aplicaciones, pero también reduce la posibilidad de descubrimientos orgánicos y momentos culturales masivos que antes definían internet.
¿Qué papel juegan TikTok, Meta y las grandes tecnológicas?
Otro punto clave es la concentración del poder digital en pocas empresas. Walker señala que compañías como Meta controlan varias de las plataformas sociales más grandes, mientras TikTok también domina gran parte del consumo de video corto.
Para nuevos creadores, aplicaciones emergentes o contenidos independientes, abrirse espacio se vuelve más difícil.
«Mientras más dependamos de unas pocas compañías grandes, menos descubrimiento existe», afirmó Walker. Esa reducción de opciones, según la experta, limita la diversidad del contenido que las personas consumen diariamente.
La consecuencia no solo afecta a quienes crean contenido. También impacta a los usuarios, que terminan atrapados dentro de ecosistemas digitales diseñados para mantener su atención mediante recomendaciones automáticas.
En ese contexto, los momentos virales espontáneos —aquellos que parecían surgir de forma natural y unir a millones de personas— se vuelven cada vez menos comunes.
La viralidad sigue existiendo, pero dura menos
Aunque muchos videos todavía alcanzan cientos de miles o incluso millones de reproducciones, Walker considera que su impacto cultural es mucho más limitado.
Las tendencias aparecen y desaparecen tan rápido que algunas personas ni siquiera llegan a conocerlas antes de que sean reemplazadas por otra ola de contenido.
La velocidad del internet actual está reduciendo la permanencia de los fenómenos digitales. Lo que antes podía mantenerse en conversación durante semanas ahora apenas sobrevive unos días o incluso horas.
Para muchos usuarios, especialmente jóvenes, eso también cambia la manera en que se relacionan con la información, las noticias y el entretenimiento.
¿Por qué esto importa más allá de las redes sociales?
El análisis de Walker no se limita al entretenimiento. La experta advierte que el funcionamiento de los algoritmos también influye en cómo las personas procesan información y forman opiniones.
Uno de los mayores riesgos, según explica, es la pérdida de pensamiento crítico.
«El pensamiento crítico requiere tiempo y atención», dijo Walker. «Necesitamos dejar que las ideas permanezcan en nuestra mente para descubrir qué pensamos realmente sobre ellas».
Sin embargo, la inmediatez del mundo digital dificulta ese proceso. El flujo constante de contenido rápido deja menos espacio para reflexionar, cuestionar o analizar información con profundidad.
Walker considera que por esa razón la responsabilidad de las plataformas será cada vez más importante en el futuro.
Lo que viene para internet y las redes sociales
La era de los grandes virales universales parece estar entrando en una nueva etapa marcada por la personalización extrema y el control algorítmico.
El contenido seguirá circulando rápidamente, pero cada vez dentro de comunidades más pequeñas y segmentadas. Mientras tanto, expertos como Walker insisten en que la capacidad humana de analizar y pensar críticamente será más valiosa que nunca.
La pregunta ya no es solo qué se vuelve viral, sino quién decide qué merece ser visto.
Este artículo fue elaborado con la ayuda de herramientas de inteligencia artificial y revisado por un editor de Hispanos Press.



































































