Ciudad de México (México).- Los platos, herramientas y restos humanos recuperados durante las obras del Tren de Pasajeros Ciudad de México-Querétaro están pasando de las excavaciones a tres laboratorios del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Allí, los especialistas buscan establecer de dónde proceden los objetos, cuándo fueron utilizados y qué revelan sobre la vida de las sociedades que ocuparon la región.

El trabajo reúne materiales hallados en aproximadamente 140 sitios registrados a lo largo de los 226,4 kilómetros del trayecto ferroviario. Víctor Francisco Heredia Guillén, coordinador del proyecto de salvamento, informó que se ha estudiado entre el 60% y el 70% del material cerámico, lítico y óseo recuperado.

La investigación combina tres líneas: el estudio de la cerámica, el análisis de restos humanos y el examen de objetos de piedra. Los laboratorios se encuentran en Hidalgo y trabajan con vestigios de distintos puntos de la ruta, entre ellos Ignacio Zaragoza y Tula, así como Vista Real, en San Juan del Río, Querétaro.

De 3.800 bolsas de fragmentos a 308 piezas completas

En El Salto, municipio de Tepeji del Río de Ocampo, el Laboratorio de Cerámica registra y analiza materiales para determinar su procedencia, temporalidad relativa, contexto y uso. La información permite investigar lo ocurrido en cada sitio y las relaciones sociales entre quienes elaboraron y utilizaron los objetos.

El equipo está integrado por 14 arqueólogos y se encuentra a cargo de Fabiola de la Rosa Lozano. Gustavo Nieto, Yatzín Montiel, Ana Karen Vázquez y Ana Karen Cabrera encabezan los grupos de trabajo.

Hasta ahora, los especialistas han registrado y examinado 3.800 bolsas con fragmentos de platos, cajetes, molcajetes, tecomates, ollas, urnas, malacates y figurillas. La datación de esos materiales abarca desde el Preclásico Tardío, entre 400 y 100 antes de Cristo, hasta el Posclásico Tardío, de 1200 a 1521 después de Cristo.

Los materiales corresponden a las culturas teotihuacana, tolteca y mexica, con presencia importante en la zona, y a regiones como el occidente, el Bajío, la Costa del Golfo y la Huasteca. Su clasificación permite distinguir tanto los periodos como las procedencias de las piezas que llegaron al laboratorio.

Además de los fragmentos, se recuperaron 308 piezas completas, entre vasijas, platos, patojos, vasos, jarras y cajetes efigie. Proceden de Ignacio Zaragoza, de filiación teotihuacana, y de Tula, con materiales toltecas y mexicas en su etapa más tardía.

El equipo también ha analizado 459 figurillas. Las más comunes son del tipo Mazapa, fechado entre los años 700 y 950 después de Cristo.

Restos de 121 personas bajo análisis en Tula

El Laboratorio de Antropología Física, situado en el ejido de Ignacio Zaragoza, en Tula de Allende, resguarda restos humanos recuperados durante el trabajo de campo. Sus especialistas buscan determinar edad, sexo, patologías y huellas de actividad.

José Manuel Cervantes Pérez, antropólogo físico a cargo de un equipo de cuatro especialistas, informó que se conservan restos de 121 individuos. Fueron encontrados en 78 entierros y 12 ofrendas procedentes de Ignacio Zaragoza, Tula y Vista Real.

De ese conjunto se han analizado 48 individuos: 39 adultos y nueve subadultos, categoría que en esta investigación corresponde a menores de 21 años.

El proceso incluye la limpieza de los huesos y la restauración de aquellos que pueden aportar datos al análisis bioantropológico. Los investigadores han identificado fracturas y huellas de inserción muscular que permiten estudiar las posibles actividades realizadas por esas personas.

También han observado modificaciones culturales, entre ellas modelados craneales y limado de dientes superiores en algunos casos. Son hallazgos que se registran junto con las demás características de los restos examinados.

Más de 11.000 objetos de piedra y materiales de ambas costas

En Tula de Allende funciona también el Laboratorio de Lítica, dirigido por el arqueólogo Cuitláhuac Héctor Jiménez Valerio. Ocho arqueólogos han analizado más de 11.000 piezas, entre puntas de proyectil, navajillas, raspadores, cuchillos, buriles y núcleos.

Los objetos incluyen sílex y obsidiana negra, verde, dorada y gris. Entre los yacimientos de procedencia identificados están Sierra de las Navajas, en Hidalgo, y Otumba, en el Estado de México.

El equipo estudia actividades diarias y prácticas rituales y funerarias. El análisis considera los materiales utilizados para cortar, desgastar, cazar, moler y preparar alimentos.

Entre las piezas de piedra pulida hay metates, manos de metate, hachas y pulidores. También se encontró un alisador de paredes utilizado en los encalados y enlucidos de edificios, que todavía conserva rastros de cal. En lapidaria se han registrado cuentas y teselas de piedra verde y azul.

El conjunto incluye, además, objetos malacológicos univalvos y bivalvos procedentes del Golfo de México y del océano Pacífico.

El salvamento continúa dentro de los laboratorios

La secretaria de Cultura de México, Claudia Curiel de Icaza, vinculó la continuidad del estudio con el conocimiento sobre las sociedades de la región: «Los materiales recuperados durante la construcción del Tren México-Querétaro están siendo estudiados por especialistas del INAH, para conocer cómo vivían, se relacionaban y se desplazaban las sociedades que habitaron esa región».

Con una parte de los materiales todavía por examinar, el trabajo sigue en las mesas de registro, restauración y clasificación. Los resultados descritos por el INAH corresponden a un análisis en curso que reúne objetos, restos humanos y materiales procedentes de distintos periodos y regiones.

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