Bethesda (Maryland).- Una reforma que obligó a estudiantes británicos a permanecer un año más en la escuela se vinculó con una reducción de los diagnósticos de demencia hasta cinco décadas después. El efecto fue más marcado entre quienes tenían variantes genéticas asociadas con un mayor riesgo de alzhéimer y demencias relacionadas.
La investigación, financiada por los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH), utilizó datos médicos de más de 100.000 participantes del UK Biobank. El trabajo fue dirigido por investigadores de la Universidad de Wisconsin–Madison y de la Universidad del Sur de California (USC) en Los Ángeles.
Los resultados aportan evidencia sobre una relación que durante años había sido principalmente correlativa: las personas con más educación tienden a presentar menos demencia. El equipo aprovechó un cambio legal para examinar con mayor precisión el papel de la escolarización.
La reforma de 1972 elevó la edad de abandono escolar
En Inglaterra, Gales y Escocia, una reforma de educación obligatoria elevó de 15 a 16 años la edad mínima para dejar la escuela. La medida afectó a los estudiantes nacidos después del 1 de septiembre de 1957.
El cambio produjo un aumento del 14 % en el número de estudiantes que permanecieron escolarizados hasta cumplir los 16 años. Esa diferencia permitió comparar a personas afectadas por la reforma con otras que no quedaron sujetas a ella.
La oportunidad resulta distinta de observar simplemente cuántos años estudió cada participante. Los investigadores pudieron examinar una modificación de la escolarización introducida por una norma y relacionarla con diagnósticos registrados mucho tiempo después.
Los NIH explican que establecer si la educación reduce causalmente el riesgo ha sido un desafío, pese a la asociación documentada entre mayor escolaridad y menor incidencia de demencia.
Más de 100.000 registros del UK Biobank
Para medir los resultados a largo plazo, el equipo recurrió al UK Biobank, una cohorte de envejecimiento. El análisis incluyó información médica de más de 100.000 personas.
La comparación principal utilizó diagnósticos realizados antes de diciembre de 2022, cuando los participantes de mayor edad habían llegado a los 65 años. Los grupos se diferenciaban por haber estado sujetos o no a la reforma escolar.
Los diagnósticos se obtuvieron de diversas fuentes: historiales médicos, registros hospitalarios y registros de defunción. Los autores utilizaron esa combinación para limitar los sesgos asociados con la supervivencia y con la posibilidad de recibir un diagnóstico durante la vida.
El estudio examinó tanto la enfermedad de Alzheimer como otras demencias relacionadas. Su seguimiento abarca hasta aproximadamente medio siglo después del cambio en la escolarización.
El beneficio fue mayor con riesgo genético elevado
Los investigadores encontraron que el año adicional de escuela redujo la incidencia posterior de alzhéimer y demencias relacionadas. La señal fue más fuerte entre participantes portadores de variantes genéticas vinculadas con mayor riesgo.
Richard Hodes, director del Instituto Nacional sobre el Envejecimiento de los NIH, destacó que el riesgo de demencia depende de factores que van más allá de la composición genética. Su interpretación es que cambios como una mayor escolarización pueden contrarrestar parte de esa vulnerabilidad heredada.
El equipo también relacionó la reforma con mejoras en factores socioeconómicos y en otros ámbitos de salud. Esas asociaciones ofrecen posibles vías para comprender la conexión entre educación y demencia, aunque no establecen por sí solas un mecanismo definitivo.
Los resultados tampoco convierten la escolarización en una garantía individual contra la enfermedad. La conclusión del trabajo se refiere a las diferencias observadas entre los grupos analizados.
El seguimiento hasta los 65 años limita la conclusión
Los autores piden cautela porque la edad máxima del grupo al cierre de la comparación era de 65 años. En esa población, las tasas generales de demencia todavía eran bajas.
A medida que los participantes envejezcan y aumenten los diagnósticos, las diferencias entre quienes estuvieron sujetos a la reforma y quienes no podrían ampliarse o reducirse. El resultado observado hasta ahora no describe necesariamente lo que ocurrirá durante todas las etapas posteriores de la vida.
Silvia Barcellos, economista de la salud de Wisconsin–Madison y autora principal, subrayó la naturaleza de la conexión entre educación y demencia por encima de una cifra aislada. Señaló que las opciones preventivas disponibles son pocas, lo que da valor a continuar estudiando esta relación.
El trabajo, titulado «La educación reduce la incidencia de la demencia y mitiga el riesgo genético» (Education Reduces Dementia Incidence and Mitigates Genetic Risk), fue publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences el 23 de octubre de 2026.
El financiamiento provino del Instituto Nacional sobre el Envejecimiento. La investigación combina una reforma escolar histórica, registros de salud y datos genéticos para seguir examinando cómo la educación se relaciona con la demencia décadas después.
Este artículo fue elaborado con la ayuda de herramientas de inteligencia artificial y revisado por un editor de Hispanos Press
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