Imágenes del narcotraficante colombiano Juan Carlos "Chupeta" Ramírez presentadas ante el jurado durante el juicio de El Chapo, antes (I) y después (D) de la cirugía plástica, obtenidas por el tribunal federal de Brooklyn el 29 de noviembre de 2018 © Tribunal Federal de Brooklyn/AFP -

Nueva York (AFP) – Los fiscales que juzgan al capo del narcotráfico mexicano Chapo Guzmán en una corte federal de Nueva York colocaron este jueves 10 kg de cocaína sobre la mesa, frente al atónito jurado.

Y luego llamaron a uno de los principales proveedores del exjefe del cartel de Sinaloa en Colombia, Juan Carlos “Chupeta” Ramírez Abadía, que dirigió el cartel del Norte del Valle, para explicar cómo sus “cocineros” hacían la cocaína en laboratorios agregando a la base de la droga gasolina, éter y acetona, entre otros químicos.

Chupeta, que coopera con el gobierno, contó al jurado cómo con la ayuda del Chapo pudo exportar más de 400 toneladas de cocaína a Estados Unidos desde 1989 hasta su arresto en Sao Paulo en 2007 junto a su amante, un fisicoculturista brasileño.

Los 9,94 kg de droga depositados dramáticamente sobre la mesa fueron según la fiscalía “una muestra representativa” de una inmensa incautación de cocaína colombiana en altamar relatada este jueves por otros dos testigos, un agente de la guardia costera estadounidense y un agente de la agencia antidrogas, la DEA.

El Chapo, de 61 años y extraditado a Estados Unidos hace casi dos años luego de dos cinematográficas fugas de prisiones mexicanas, es acusado de traficar más de 155 toneladas de droga a Estados Unidos. Si es hallado culpable puede ser condenado a cadena perpetua.

 – Un gran negocio –

Nada más empezar, el Chupeta reveló que mandó matar a “aproximadamente 150 personas” -incluido uno que mató él mismo en 2004 a balazos en la cabeza y la cara- y que las autoridades colombianas le incautaron 1.000 millones de dólares.

El Chapo le miró serio, pero quizás no le reconoció pese a que se han reunido “más de 10 veces”, según el testigo: el Chupeta dijo que se sometió a cirugía plástica en el rostro tres o cuatro veces en Brasil, donde estaba prófugo pero seguía dirigiendo su cartel. Modificó su mandíbula, los ojos, la nariz, los pómulos, las orejas…

Su apariencia es extraña. A sus 55 años tiene canas y la piel muy lisa, estirada. El juez advirtió en la sala que el testigo sufre problemas de salud y quizás fuese necesario hacer varias pausas. Parecía tener frío; vestía una chaqueta oscura y se puso un par de guantes de tela antes de comenzar a hablar.

Durante años, el Chupeta y otro capo, Miguel Rodríguez Orejuela del cartel de Cali, fueron los principales proveedores de cocaína colombiana del Chapo.

El Chupeta contó que el acusado le pedía que le enviara la mayor cantidad de “cocaína 100% pura, de óptima calidad” y que llegó a cocinar durante unos meses la droga en moldes cilíndricos para que éste luego la colocara dentro de latas de japaleños para traficarlas a Los Ángeles. El Chupeta vendería luego la droga en las calles de Nueva York.

Contó asimismo que podía cargar en sus aviones hacia México entre 600-700 kg a 1.300 kg de cocaína, dependiendo de la ubicación de las pistas clandestinas, situadas en los estados Nayarit, Durango, Sinaloa y Sonora.

 – El Chapo, el más rápido –

La primera reunión entre ambos fue en el lobby de un hotel de Ciudad de México en 1990.

Arreglaron el envío de cinco aviones del Chupeta con unos 4000 kg de cocaína que llegaron a una pista cercana a Los Mochis, en Sinaloa.

Chupeta quedó muy satisfecho con lo que sus pilotos le contaron: la pista estaba muy bien iluminada, la descarga fue rápida, se reabastecieron enseguida los aviones con combustible, la protección de la policía federal, presente en el lugar, fue magnífica…

El Chapo le cobraba en cocaína, quedándose con un 40% de la droga trasladada a Estados Unidos. Era un 3% más de lo que cobraban otros, pero el traslado “era super rápido, menos de una semana”, cuando los competidores tardaban un mes o más.

“Fue la primera vez que los narcotraficantes mexicanos me entregaban la droga tan rápidamente”, afirmó el Chupeta, que seguirá declarando el lunes próximo.

Fue por estos años que el Chapo también empezó a ser conocido por otro apodo: “el Rápido”.

Extraditado a Estados Unidos unos meses tras su arresto en Brasil en 2007, y en prisión aquí desde entonces, el Chupeta espera reducir en cinco años su sentencia por colaborar con la fiscalía. Un juez aún debe decidirla, pero no puede sentenciarlo a menos de 25 años.

La fiscalía, que ya ha pedido castigar a la defensa por prestar un celular a la esposa del Chapo en la corte, pidió al juez que también regañe al abogado defensor Eduardo Balarezo por sus comentarios sobre el juicio en Twitter, que en su opinión pueden atemorizar al jurado.