La arquitectura andina de los cholets transita a la alta costura / AFP
Una modelo lleva un modelo inspirado en el estilo de los cholets, los multicolores edificios de la ciudad boliviana de El Alto impregnados de íconos de la cultura andina de Tiwanaku, en un desfile en La Paz el 26 de abril de 2018 © AFP/Archivos AIZAR RALDES
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La Paz (AFP) – El estilo de los cholets, los multicolores edificios de la ciudad boliviana de El Alto impregnados de íconos de la cultura andina de Tiwanaku, comenzó a transitar de manera inédita a la alta costura en la confección de abrigos, mantas y zapatos.

Los “cholets” representan la arquitectura neoandina que hace varios años apareció en El Alto, ciudad vecina a La Paz poblada principalmente por emigrantes aymaras, entre ellos una pujante burguesía que se favoreció de la boyante economía boliviana.

Se llaman así por una simbiosis entre cholo -como se denomina a la población mestiza, a veces de forma despectiva- y chalet. Son edificios de varios pisos que albergan oficinas, viviendas, gimnasios y hasta gigantescas pistas de baile, en cuyos pisos altos vive el propietario.

Esas construcciones recuperan íconos de la extinguida cultura de Tiwanaku, mezcladas de multicolores líneas y trazos y que ahora han comenzado a influenciar a afamadas modistas bolivianas.

Ocho modistas y empresas comenzaron a utilizar los estilos de los cholets para confeccionar prendas de vestir para hombres y mujeres.

“Mi estilo ya está pasando a la alta costura y eso me parece interesante. Los colores se van transmitiendo, se van fusionando y vemos que nuestra cultura no tiene frontera”, explica a la AFP el arquitecto precursor del estilo, Freddy Mamani, quien ve con sorpresa y alegría que por primera vez la estética de sus construcciones se estampe en otras cosas.

Además, son las vestimentas de la chola boliviana, esas faldas multicolores y de varias capas de tela que forman una suerte de voluminosa campana, las que también influencian la arquitectura neoandina, como la llama Mamani.

“Son los colores de los textiles, esa policromía de colores y a la vez todas esas iconografías de los tiwanakotas que han influenciado este estilo”, agrega el arquitecto.

– Modistas celebran estilo Tiwanaku –

Afamadas modistas han llevado el estilo de los cholets a sus mantas, faldas, sacos, zapatos, abrigos, así como joyas, y participaron esta semana en La Paz de un desfile en el que unas 60 modelos mostraron prendas inspiradas en la arquitectura neoandina.

Son prendas como las que se venden actualmente en cualquier país, pero con adornos tiwanakotas, unos más llamativos que otros.

“Se ha generado un espacio para Bolivia en el campo creativo, en el campo artístico, un espacio en el que, sin duda, habrá un antes y un después”, señala la modista Liliana Castellanos.

Deanna Canedo, de la Casa de Diseño Beatriz Canedo Patiño, afirma que “la visión de que sí se puede vivir en color, la estamos trayendo de la arquitectura a la alta costura”.

En el desfile también fue mostrada la típica vestimenta de la chola boliviana, con los trazos del arquitecto Mamani. Por vez primera en Bolivia modelos indígenas y no indígenas compartieron la misma pasarela.

– Extranjeras enamoradas de los colores –

Dos esposas de diplomáticos en La Paz han impulsado este tránsito del estilo arquitectónico a la moda, enamoradas de los trazos tiwanakotas de Mamani.

Son Angélique Wibaux, esposa del embajador de Francia, y Socorro Vila Magno, del embajador de Brasil.

Ellas contactaron primero a Mamani y tiempo después a las modistas para iniciar la gran aventura de mostrar los cholets que sobresalen en El Alto, una ciudad de vastas construcciones de adobe y ladrillo.

“Éste es un homenaje al creador de la arquitectura neoandina (…), es un desfile único basado en los motivos de Freddy Mamani”, dice Wibaux.

Por su parte, Vila Magno destaca “la perfección de los colores” del artista en sus trazos y construcciones, y afirma que Mamani le “creó una identidad a Bolivia y que la moda boliviana precisa de identidad, en un mundo globalizado”.

El arquitecto boliviano estará en julio en París en la Fundación Cartier para exponer su trabajo.