Bethesda (Maryland).- Cambios en determinadas proteínas de la sangre pueden comenzar meses o incluso años antes de que aparezcan los síntomas de la esclerosis lateral amiotrófica, conocida como ELA. Un equipo de investigadores identificó un panel de 19 proteínas que podría ayudar a estimar cuándo una persona con riesgo genético desarrollará manifestaciones clínicas de la enfermedad.
Los modelos creados por el equipo lograron calcular el momento de aparición de los síntomas con un error promedio de aproximadamente 18 meses. Esa habilidad podría ayudar a elegir a los participantes para pruebas de tratamientos preventivos antes de que se produzca el daño irreversible de las neuronas motoras que se ve en la ELA.
La investigación utilizó datos y muestras del estudio Pre-symptomatic Familial ALS, o Pre-fALS, financiado por los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos. Durante casi 20 años, el proyecto ha seguido a personas con un riesgo genético considerable de ELA que todavía no presentan signos clínicos.
Más de 5.000 proteínas bajo análisis
Los investigadores aplicaron una técnica de análisis proteómico de alto rendimiento llamada Olink a muestras de plasma de 137 participantes. De ese grupo, 33 habían desarrollado manifestaciones clínicas de ELA o demencia frontotemporal.
El procedimiento permitió medir los niveles de más de 5.000 proteínas. El equipo identificó 92 cuyos niveles eran diferentes en las personas que más tarde desarrollaron síntomas.
Mediante técnicas de aprendizaje automático, los científicos probaron distintas combinaciones para determinar cuáles ofrecían la mayor precisión. El resultado fue un conjunto de 19 proteínas, entre ellas la cadena ligera de neurofilamentos, conocida como NfL.
Los modelos evaluaron periodos de riesgo que iban desde seis meses hasta cinco años. Con la información de las 19 proteínas, pudieron estimar el inicio de la enfermedad dentro de un margen inferior a dos años respecto del momento real en que aparecieron los signos.
Una señal conocida se integra con nuevos marcadores
Una investigación de 2017 sobre diez participantes de Pre-fALS que habían desarrollado síntomas ya había detectado un aumento pronunciado de NfL en la sangre durante los meses anteriores a la manifestación clínica de la ELA.
El seguimiento prolongado del grupo permitió ampliar ahora la búsqueda. A medida que más participantes comenzaron a mostrar signos, los investigadores dispusieron de nuevas oportunidades para comparar muestras anteriores a la aparición de la enfermedad.
El equipo también obtuvo resultados semejantes al utilizar datos del UK Biobank. Esa población presenta limitaciones para este tipo de análisis, pero representa de manera más amplia a la población general que el grupo Pre-fALS, integrado por personas con predisposición genética.
Una estimación más útil para personas con riesgo genético
«Si alguien portador de una variante genética asociada con la ELA me hubiera preguntado en el pasado cuándo desarrollaría síntomas, me habría resultado difícil ofrecer una estimación razonable», explicó Michael Benatar, autor principal, profesor de neurología y ciencias de la salud pública de la Universidad de Miami.
Benatar indicó que los biomarcadores permiten aproximarse mucho mejor al momento de inicio. La estimación promedio de 18 meses proporciona un intervalo con el que los investigadores pueden trabajar al diseñar intervenciones y ensayos.
El estudio Pre-fALS está dirigido por Benatar y Joanne Wuu, profesora asociada de investigación en neurología y ciencias de la salud pública de la Universidad de Miami.
Aunque el grupo estudiado está compuesto por personas con riesgo genético elevado, investigaciones recientes sugieren que sus hallazgos podrían ser pertinentes para una población más amplia, según los NIH.
La prevención depende de reconocer el momento adecuado
La identificación del periodo previo a los síntomas cobra mayor peso a medida que aparecen tratamientos dirigidos a genes específicos. Amy Bany Adams, directora interina del Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos y Accidentes Cerebrovasculares, señaló que existe una necesidad urgente de contar con firmas biológicas confiables que indiquen un inicio cercano en portadores de genes de riesgo.
Tofersen, un medicamento aprobado para la ELA sintomática, se encuentra en evaluación como tratamiento preventivo en el ensayo clínico ATLAS. El estudio analizará si comenzar la terapia poco antes de los síntomas puede evitar o retrasar el inicio de la enfermedad.
Los biomarcadores no se presentan como una prueba de uso general para diagnosticar ELA. Su función dentro de la investigación consiste en estimar el momento en que podrían aparecer manifestaciones clínicas y ayudar a identificar candidatos adecuados para intervenciones preventivas.
Dos décadas de muestras hacen posible la predicción
La capacidad de observar el periodo anterior a la enfermedad depende de un seguimiento prolongado. Las muestras acumuladas por Pre-fALS permiten comparar el perfil de proteínas de una misma población antes y después de la aparición de los síntomas.
Benatar atribuyó el avance a la participación sostenida de personas portadoras de variantes genéticas vinculadas con la ELA, quienes respaldaron la misión de prevenir la enfermedad y aportaron muestras e información durante años.
La investigación recibió apoyo de los NIH mediante subvenciones del Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos y Accidentes Cerebrovasculares. Los resultados abren una vía para sincronizar futuros ensayos con un periodo en el que la intervención podría comenzar antes del daño irreversible.
Este artículo fue elaborado con la ayuda de herramientas de inteligencia artificial y revisado por un editor de Hispanos Press.


































































