Ciudad de México (México).- Las viviendas de cuatro asentamientos mayas prehispánicos se ubicaron en las áreas más elevadas del terreno y quedaron rodeadas por sectores bajos donde se concentraba el agua. Esa distribución forma parte de una investigación del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) sobre el uso agrícola del paisaje doméstico.

El arqueólogo Carlos Matos Llanes estudia materiales procedentes del Proyecto de Salvamento Arqueológico Tren Maya. Su trabajo busca determinar si los habitantes aprovecharon los rasgos topográficos e hidráulicos para producir alimentos y cómo esas actividades influyeron en la organización espacial.

Los análisis preliminares utilizan Sistemas de Información Geográfica y modelos digitales de elevación generados a partir de nubes de puntos LiDAR. La muestra comprende Tepakán, en Yucatán, y Bécal I, II y III, en el municipio campechano de Calkiní.

Durante las excavaciones se identificaron agrupaciones de entre 30 y 40 monumentos pequeños. La mayoría correspondía a construcciones sencillas y de dimensiones reducidas asentadas directamente sobre el terreno natural. Los arqueólogos consideran posible que fueran grupos domésticos.

Entre una agrupación y otra aparecían espacios vacíos de alrededor de 200 metros. El patrón llevó al equipo a estudiar no solo las viviendas, sino también los solares y superficies abiertas que rodeaban las estructuras.

El paisaje doméstico iba más allá de la vivienda

El análisis adopta una visión amplia de las unidades habitacionales. En lugar de limitarse al núcleo construido, incorpora el solar como parte de la vida doméstica y productiva.

Algunos modelos dividen ese espacio en una zona libre, una intermedia y otra destinada al jardín o huerto. Esta última ocupa la mayor superficie y permite considerar actividades que no dejan las mismas huellas arquitectónicas que una vivienda o un monumento.

Matos Llanes relaciona esta perspectiva con los conocimientos conservados por agricultores mayas. El investigador creció observando a su familia cuidar la milpa, conocida como kool, en la región Puuc mediante el sistema de tumba, roza y quema.

Aunque no todos los suelos de la península son aptos de forma natural, el arqueólogo destaca la capacidad de los milperos para mejorarlos. La investigación examina si conocimientos comparables estuvieron presentes en la configuración de los asentamientos antiguos.

La secretaria de Cultura de México, Claudia Curiel de Icaza, afirmó que estudiar la forma en que las comunidades mayas comprendieron y transformaron su entorno amplía la historia más allá de los grandes monumentos. Además, acerca la atención a la vida cotidiana, el agua, el suelo y la producción de alimentos.

Herramientas digitales siguen las rutas de la lluvia

Un filtro espacial de análisis de pendientes mostró que las unidades domésticas estaban en sectores altos. Las inclinaciones naturales habrían permitido controlar el flujo pluvial hacia áreas más bajas.

El índice de potencia de la corriente permitió identificar los lugares donde se concentra el agua. Las líneas resultantes coincidieron con los espacios abiertos situados entre los grupos de viviendas.

A partir de ese patrón, el equipo plantea que las construcciones se organizaron alrededor de superficies adecuadas para cultivos de autoconsumo. También contempla la posibilidad de que los excedentes fueran comercializados.

Esa segunda posibilidad todavía necesita evidencia material. Los investigadores deberán comprobar si existió intercambio de bienes con otros lugares, como el tipo de relación previamente propuesto entre Chichan Panadero y el centro mayor de Poxilá, en Umán, Yucatán.

Una hipótesis que aún requiere pruebas de suelo

El trabajo forma parte de las líneas desarrolladas dentro del Salvamento Arqueológico del Ferroviario de Carga del Tren Maya, coordinado por Manuel Pérez Rivas y Susana Echeverría.

El proyecto busca obtener evidencia arqueológica y sedimentaria que permita poner a prueba la tesis sobre agricultura, manejo de agua y configuración de los espacios domésticos.

La excavación de áreas abiertas resulta decisiva porque gran parte de las actividades familiares prehispánicas ocurría fuera de las viviendas. El equipo considera que incluir esos lugares fue uno de los aciertos del salvamento arqueológico.

Los próximos pasos incluyen ampliar la muestra con más unidades habitacionales y aplicar métodos para analizar fósforo en el suelo. Hasta entonces, los resultados de los SIG deben entenderse como observaciones preliminares que orientan nuevas comprobaciones, no como una conclusión definitiva sobre todos los asentamientos mayas.

Este artículo fue elaborado con la ayuda de herramientas de inteligencia artificial y revisado por un editor de Hispanos Press.

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